ÍNDICE

 Sexta parte. La ciencia de nuestro tiempo

X. Las ciencias físicas en el siglo XX
10.0 Introducción
10.1 El electrón y el átomo
10.2 La física teórica
10.3 La física nuclear
10.4 La electrónica
10.5 La física del estado sólido
10.6 La física y la estructura de la materia
10.7 La tecnología del siglo XX: la ingeniería
10.8 La industria química
10.9 Recursos naturales
10.10 La guerra y la ciencia
10.11 El futuro de las ciencias físicas
10.12 La ciencia y las ideas en la época de transición.
Tabla VI. Las ciencias físicas en el siglo XX
 

XI. Las ciencias biológicas en el siglo XX
11.0 Introducción
11.1 La respuesta de la biología a las influencias sociales
11.2 Bioquímica
11.3 Biología molecular
11.4 Microbiología
11.5 La bioquímica en la medicina
11.6 Citología y embriología
11.7 El organismo como un todo y sus mecanismos de control
11.8 Herencia y evolución
11.9 Los organismos y su contorno: laecología
11.10 El futuro de la biología
Tabla VII. La biología en el siglo XX
 

XII. Las ciencias sociales en la historia
12.0 Introducción
12.1 Ámbito y carácter de las ciencias sociales
12.2 La historia de las ciencias sociales
12.3 La ciencia social en la época feudal
12.4 La ciencia social y el nacimiento del capitalismo
12.5 Ilustración y revolución
12.6 El utilitarismo y la reforma liberal
12.7 El marxismo y la ciencia de la socieda
12.8 Las ciencias sociales académicas a finales del siglo XIX y principios del XX
12.9 El desarrollo del marxismo en el siglo XIX y primeros años del XX
 

XIII. Las ciencias sociales tras la Primera Guerra Mundial.
13.0 Introducción
13.1 Carácter general del pensamiento social en el siglo XX
13.2 Las ciencias sociales en el mundo capitalista.
13.3 La aplicación de la ciencia social
13.4 La ciencia de la educación
13.5 Las bases ideológicas
13.6 Las ciencias sociales en el mundo socialista.
13.7 Hacia un mundo de libertad
13.8 El futuro de las ciencias sociales
 

Séptima parte. Conclusiones

XIV. Ciencia e historia
14.0 Introducción
14.1 La ciencia y las fuerzas sociales
14.2 Interacción del desarrollo científico, técnico y económico
14.3 La trayectoria del progreso científico
14.4. La ciencia en una sociedad dividida en clases.
14.5 La ciencia en el mundo actual
14.6 El progreso de la ciencia
14.7 Contemplación y acción
14.8 Organización y libertad científica
14.9 La ciencia en un mundo de rápido cambio
14.10 La necesidad mundial de la ciencia
Mapa 5. El mundo actual
 

Notas
Bibliografía

 

LA CIENCIA DE NUESTRO TIEMPO

 

LOS PRESUPUESTOS DEL SIGLO XX: LAS REVOLUCIONES CIENTIFICAS Y DE LA SOCIEDAD

 

Al llegar a nuestra época la historia se convierte, de algún modo, en el recuerdo de nuestra propia experiencia. Nos hallamos muy cerca de los acontecimientos y somos testigos de luchas todavía irresueltas cuyos protagonistas siguen vivos y actúan. Todo ello hace que sea particularmente difícil comprender lo que está ocurriendo, analizar y juzgar el significado de los movimientos científicos y sociales. Y sin embargo, es necesario realizar este esfuerzo pese a que casi siempre los historiadores evitan tratar los períodos más recientes, esperando que pase el tiempo suficiente para poder juzgarlos de un modo desinteresado. Pero esto es aquí doblemente imposible. Una obra que intente, como la nuestra, mostrar las relaciones entre la ciencia y las fuerzas sociales sólo puede ser útil si es capaz de mostrar cómo han surgido éstas a partir de la historia anterior, cómo eran antes y cómo son ahora. Entre el presente y el pasado no existe ningún vacío. Omitir la historia de la ciencia en el siglo XX significaría excluir la parte más importante de la argumentación, pues es en este siglo cuando la ciencia ha adquirido por vez primera la plenitud de sus funciones. En los últimos sesenta años se ha realizado una cantidad mayor de trabajo científico que en toda la historia anterior. Y no se trata de un mero crecimiento cuantitativo: ese trabajo ha redundado en una comprensión muy superior a la del pasado acerca de la estructura más fundamental de la materia, tanto animada como inanimada. Podemos hablar razonablemente de una segunda revolución científica en el siglo XX.[1] Además, y esto se refiere más directamente a los propósitos de este libro, la ciencia y los científicos se han visto implicados directa y abiertamente, por vez primera en la historia, en los principales progresos económicos, industriales y militares de la época.

No se trata ya —como era el caso en los primeros capítulos de este libro— de demostrar cómo el curso de la historia se ha visto afectado por la ciencia. Los efectos de la ciencia eran en el pasado bastante reales, pero era necesario ponerlos de manifiesto. Existía el peligro de considerar la ciencia como un apéndice —interesante, brillante, pero también distante— de la principal corriente de la historia. Ahora, a mediados del siglo XX, existe el peligro opuesto: el de dar a la ciencia, para bien o para mal, un crédito excesivo en los tremendos y perturbadores acontecimientos, como las guerras y las revoluciones, de que este siglo ha sido testigo.

No es accidental que las revoluciones científicas y sociales se produzcan aproximadamente al mismo tiempo, pero sería demasiado simple la idea de que las unas son consecuencia de las otras.[2] Las interacciones han sido recíprocas y mucho más sutiles; desentrañarlas constituye el principal propósito de los restantes capítulos de este libro.

Lo que es necesario averiguar en cada cambio de importancia es qué fuerzas económicas y sociales han contribuido a determinar la orientación principal y el ritmo del progreso científico e, inversamente, los puntos en los cuales los descubrimientos científicos han llegado a modificar profundamente el curso de los acontecimientos económicos e incluso políticos.

 

Una época de transición

Los acontecimientos que hemos observado, confusos, rápidos y terribles, no dejan de seguir un modelo general. Vivimos en una época de transición de un tipo de sociedad a otra, en medio de conflictos todavía irresueltos. La división del mundo que apareció por vez primera en 1917 es un indicio de la agudeza de la contraposición de las antiguas y las nuevas formas, pero simultáneamente no es sino la manifestación abierta de conflictos ya latentes en la sociedad aparentemente uniforme del siglo XX. Por diferentes que sean las opiniones sobre este conflicto, nadie puede negar su existencia. El sistema capitalista, implantado hace trescientos años, está siendo desafiado por otro: el sistema socialista, nacido de las contradicciones internas del propio capitalismo.

Sin embargo, durante la mayor parte de lo que va de siglo, no ha sido el abierto desafío representado por la existencia y el desarrollo de la Unión Soviética el principal factor determinante de la historia mundial. Éste ha sido más bien el funcionamiento continuado de fuerzas existentes con anterioridad. Dos de los acontecimientos decisivos del siglo, la Primera Guerra Mundial y la gran depresión de 1930, fueron producto de las dificultades políticas y económicas del interior del capitalismo, y lo mismo puede decirse de los preparativos y de las primeras etapas de la Segunda Guerra Mundial. La evolución del capitalismo domina nuestra época y sigue siendo aún la economía dominante, aunque en disminución, de una gran parte del mundo.

La evolución de la parte socialista del mundo, primero solamente Rusia y ahora China y otros muchos países, ha sido necesariamente de un tipo distinto. Parcialmente debido a la pobreza inicial de estos países y en parte por las difíciles luchasque han debido librar para construir una economía radicalmente nueva, frente a la continua interferencia de los enemigos exteriores, los países socialistas solamente en años muy recientes han empezado a desempeñar un papel director en la economía, la tecnología y la ciencia mundiales.

Sin embargo, a pesar de este retraso, la importancia de las conquistas obtenidas por los países de economía socialista es muy superior a lo que parece indicar la simple escala de su progreso. Representan un modo nuevo de emplear los recursos naturales y humanos que impresiona a los trabajadores de los países de economías capitalistas y todavía más a los habitantes de los países subdesarrollados. Éstos han conquistado en cierta medida una mayor libertad política y exigen ahora su liberación económica, elemento muy poderoso para la transición del capitalismo.

 

Monopolios e imperialismo

En el mundo capitalista la principal característica del siglo XX ha sido el rápido crecimiento de los grandes monopolios, trusts y cárteles, en parte comerciales y en parte industriales. Sus nombres son conocidos en todo el mundo: Du Pont, General Motors, Krupp, Schneider Creusot, Imperial Chemical, I. G. Farben, etc., por no mencionar el imperio nominalmente disperso de la Standard Oil o la amplitud de los intereses de Morgan. La tendencia monopolista, evidente ya hacia el final del siglo XIX, tiene ante todo una motivación económica. Los trusts, que ejercen un monopolio parcial o total, tienen grandes ventajas sobre las pequeñas firmas competidoras para asegurarse beneficios, que no están ya a merced de las fluctuaciones del mercado, y para resistir mejor los malos tiempos. También se han visto favorecidos por factores técnicos, como el desarrollo del motor de combustión interna que ha creado la industria del motor y ha proporcionado a su vez grandes mercados para la nueva industria del petróleo. Las innovaciones técnicas mismas, como la producción en serie, elevan la cantidad de capital necesario para una manufactura a escala lo bastante grande para ser beneficiosa a un nivel que sólo las empresas monopolistas pueden alcanzar. Finalmente, la vasta ciencia ha contribuido a la formación de monopolios por la misma exigencia de grandes capitales. Las industrias basadas principalmente o enteramente en la ciencia, como las de la química y la electricidad, han sido monopolistas desde el principio. Consecuencia de ello como veremos, es que el 80 por ciento de la ciencia industrial se realiza en los departamentos de investigación de las empresas monopolistas. 6.35; 6.36

La misma existencia de los trusts y cárteles protege la elevación de los precios muy por encima del nivel. .......... [..........]

  

 

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