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PREFACIO

 

 

En el presente volumen de las Obras Escogidas en doce tomos se incluyen artículos, discursos y libros de Lenin escritos entre marzo y noviembre de 1918.

Al comienzo del tomo se insertan los informes presentaos por V. I. Lenin al VII Congreso del partido, que se celebró en marzo de 1918. En este congreso, lo mismo que en el IV Congreso Extraordinario de los Soviets, se discutió la ratificación del Tratado de Paz de Brest. La inmensa mayoría de los delegados a los dos congresos apoyó el acuerdo del CC del partido de firmar este tratado de paz que, si bien fue concertado en condiciones durísimas para Rusia, proporcionó la tregua necesaria al pueblo, atormentado hasta el extremo por los cuatro años de guerra, el desbarajuste económico y el hambre. La postura de los eseristas de izquierda y de los comunistas de "izquierda", que exigían que no se firmase el tratado de paz y se declarase la "guerra revolucionaria" a Alemania, obtuvo tenaz resistencia. El IV Congreso de los Soviets ratificó el Tratado de Paz de Brest.

Nada más haberse concertado la paz, Lenin propuso en el artículo Las tareas inmediatas del Poder soviético y en el informe homónimo que presentó a la sesión del CEC de tosa Rusia el plan de restablecimiento y transformación de la economía de Rusia, basándola en los principios socialistas. Las tareas principales que Lenin formuló; elevación de la productividad del trabajo, introducción de la contabilidad y el control más rigurosos en la producción y distribución de los productos, el fortalecimiento máximo de la disciplina laboral y el desarrollo de la emulación socialista.

Al problema de las vías de paso del capitalismo al socialismo están consagrados asimismo el artículo de Lenin Acerca del infantilismo "izquierdista" y delespíritu pequeñoburgués, los discursos pronunciados en las sesiones del CEC de toda Rusia, del Soviet de Moscú y del I Congreso de los Consejos de Economía Nacional, etc. El pueblo soviético, decía Lenin, tiene planteada la tarea de "transformar toda la suma de riquísimas reservas de cultura, de conocimientos y de técnica acumuladas por el capitalismo e históricamente necesarias, indispensables para nosotros, de transformar todo eso de instrumento del capitalismo en instrumento del socialismo".

Entonces se planteaba en primer plano la tarea de combatir el hambre, esta herencia del régimen autocrático y de los durísimos cuatro años de guerra. En la alocución a los obreros de Petrogrado Elhambre se expone el plan leninista para combatirlo: crear destacamentos de obreros avanzados para organizar el suministro de comestibles e incorporar a los pobres del campo a esta labor.

En el presente volumen se incluye la carta de Lenin a los obreros norteamericanos, escrita en agosto de 1918 cuando los imperialistas de Inglaterra, Francia, los EE.UU. y el Japón comenzaron la intervención armada contra Rusia con el fin de destruir el Poder soviético. Esta carta denunciaba con la mayor evidencia y fuerza de convicción la voracidad y la hipocresía sin par de la política de las potencias imperialistas que habían atacado a la joven República Soviética. Si bien el propio envío de la carta de Lenin a los EE.UU. era algo complicado y difícil, debido al bloqueo de la Rusia Soviética y a la intervención, cruzó el océano y, en diciembre de 1918, se publicó en la prensa del ala revolucionaria del movimiento obrero norteamericano y luego en la prensa izquierdista de Francia e Inglaterra. La Carta a los obreros norteamericanos contribuyó a que se intensificase en esos países el movimiento de protesta contra la intervención armada de los imperialistas en la Rusia Soviética.

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Todas las obras incluidas en el tomo van en orden cronológico. Han sido traducidos de la 5ª edición en ruso de las Obras Completas de V. I. Lenin, preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS, indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas correspondientes.

LA EDITORIAL.

 

 

VII CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL PC(B)DE RUSIA.

 

 

1. Informe político del Comité Central, 7 de marzo.

El informe político podría consistir en la enumeración de las medidas adoptadas por el CC; pero lo que requieren los presentes momentos no es un informe de esta naturaleza, sino un bosquejo de nuestra revolución en conjunto; sólo un bosquejo así puede ofrecer la única argumentación marxista de todas nuestras decisiones. Debemos examinar todo el curso precedente del desarrollo de la revolución y esclarecer las causas por las cuales se ha modificado su ulterior desarrollo. En nuestra revolución hay virajes que pueden tener inmensa importancia para la revolución internacional; me refiero precisamente a la Revolución de Octubre[1].

Los primeros éxitos de la Revolución de Febrero[2]determinados por el hecho de que no sólo la masa campesina, sino también la burguesía seguían al proletariado. De aquí la facilidad de la victoria sobre el zarismo, que no pudimos conseguir en 1905. La creación espontánea de los Soviets de diputados obreros, por iniciativa propia de las masas, durante la Revolución de Febrero repitió la experiencia de 1905 y nos obligó a proclamar el principio del Poder soviético. Las masas aprendían las tareas de la revolución en su propia experiencia de lucha. Los acontecimientos de los días 20 y 21 de abril[3]constituyen una combinación peculiar de una manifestación con algo parecido a una insurrección armada. Fue lo bastante para que cayera el gobierno burgués. Comienza entonces un largo período de política conciliadora, derivada de la propia naturaleza del gobierno pequeñoburgués instalado en el poder. Los acontecimientos de julio[4]no podían traer todavía la dictadura del proletariado, pues las masas no estaban aún preparadas. Por eso, ninguna organización responsable las invitó a ello. Pero los acontecimientos de julio tuvieron una gran importancia en el sentido de que constituyeron una exploración realizada en el campo enemigo. La korniloviada[5]y los acontecimientos posteriores, que fueron enseñanzas prácticas, hicieron posible la victoria de octubre. El error de quienes querían compartir también el poder en octubre[6]consiste en que no supieron establecer un vínculo entre la victoria de octubre y las jornadas de julio, la ofensiva, la korniloviada, etc., etc., acontecimientos todos ellos que llevaron a la mente de la masa de millones de hombres la idea de que el Poder soviético era una cosa inevitable. A continuación, viene nuestra marcha triunfal por toda Rusia, acompañada por el anhelo de paz que invadía a todos. Sabemos que con una renuncia unilateral a la guerra no obtendremos la paz. Esto ya lo habíamos señalado en la Conferencia de Abril[7]. En el período que va de abril a octubre, los soldados se dieron perfecta cuenta de que la política de conciliación no hacía más que prolongar la guerra y provocar intentos salvajes y absurdos de los imperialistas de emprender la ofensiva, de enzarzarse aún más en una guerra que duraría años y años. En este terreno era preciso pasar a toda costa y lo antes posible a una política activa de paz, era preciso poner el poder en manos de los Soviets y barrer por completo la propiedad terrateniente. Esta última era apoyada, como sabéis, no sólo por Kerenski, sino también por Avxéntiev, que llegó incluso a ordenar la detención de los miembros de los comités agrarios. Y fue esta política y la consigna de “¡El poder a los Soviets!”, que nosotros íbamos inculcando a las grandes masas populares, las que nos permitieron en octubre triunfar con tanta facilidad en Petrogrado, las que convirtieron los últimos meses de la revolución rusa en una marcha triunfal ininterrumpida.

La guerra civil se convirtió en un hecho. Lo que nosotros predecíamos al comienzo de la revolución, e incluso al comienzo de la guerra, y hacia lo que gran parte de los medios socialistas manifestaban entonces su desconfianza o incluso su ironía, es decir, la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, el 25 de octubre de 1917 se convirtió en un hecho para uno de los países beligerantes mayores y más atrasados. En esta guerra civil, la inmensa mayoría de la población estuvo a nuestro lado, y en consecuencia, la victoria se nos dio con extraordinaria facilidad.

Adondequiera que fuesen, las tropas que abandonaban el frente eran portadoras del máximo de decisión revolucionaria de acabar con la política conciliadora; y los elementos partidarios de dicha política, la guardia blanca, los retoños de los terratenientes quedaron privados de todo apoyo entre la población. Con el paso de las grandes masas y de las unidades militares, que avanzaban contra nosotros, al lado de los bolcheviques, la guerra contra dichos elementos se convirtió en una marcha triunfal de la revolución. Esto lo hemos visto en Petrogrado, en el frente de Gátchina, donde vacilaron los cosacos que Kerenski y Krasnov intentaban lanzar contra la capital roja. Esto lo hemos visto más tarde en Moscú, en Oremburgo y en Ucrania. Por toda Rusia se encrespaba la ola de la guerra civil, y en todas partes triunfábamos con extraordinaria facilidad precisamente porque el fruto estaba maduro, porque las masas ya habían pasado por toda la experiencia de la política de pactos con la burguesía. Nuestra consigna de “¡Todo el poder a los Soviets!”, comprobada en la práctica por las masas a lo largo de una gran experiencia histórica, prendió con fuerza en ellas.

Por esta razón constituyeron una marcha triunfal tan rotunda los primeros meses de la revolución rusa que siguieron al 25 de octubre de 1917. Esta marcha triunfal relegaba a segundo plano, hacía olvidar las dificultades con las que la revolución socialista tropezó desde los primeros momentos y con las que no podía menos de tropezar. Una de las diferencias fundamentales entre la revolución burguesa y la revolución socialista consiste en que, para la revolución burguesa, que brota del feudalismo, se van creando gradualmente, en el seno del viejo régimen, nuevas organizaciones económicas que modifican poco a poco todos los aspectos de la sociedad feudal. La revolución burguesa tenía una sola misión: barrer, arrojar, romper todas las ataduras de la sociedad anterior. Al cumplir esta tarea, toda revolución burguesa lleva a cabo cuanto de ella se exige: intensificar el desarrollo del capitalismo.

Muy distinta es la situación en que se halla la revolución socialista. Cuanto más atrasado es el país que, en virtud de los zigzags de la historia, ha tenido que comenzar la revolución socialista, más difícil le resulta pasar de las viejas relaciones capitalistas a las relaciones socialistas. Aquí, a las tareas destructivas se añaden otras nuevas, de inaudita dificultad: las de organización. Si la iniciativa creadora popular de la revolución rusa, que pasó por la gran experiencia de 1905, no hubiera creado ya en febrero de 1917 los Soviets, éstos en modo alguno habrían podido tomar el poder en octubre, pues el éxito sólo dependía de que el movimiento, que abarcaba a millones de personas, contase con formas de organización ya plasmadas. Estas formas ya plasmadas fueron los Soviets, y por ello, nos aguardaban éxitos tan brillantes en el terreno político y una marcha triunfal ininterrumpida como la que hemos realizado, pues la nueva forma de poder político estaba ya dispuesta y sólo nos restaba transformar mediante algunos decretos aquel poder de los Soviets que en los primeros meses de la revolución se hallaba en estado

embrionario, en forma legalmente reconocida y afianzada en el Estado ruso: en la República Soviética de Rusia. Esta surgió de golpe y con tanta facilidad porque, en febrero de 1917, las masas crearon los Soviets, antes incluso de que ningún partido hubiese tenido siquiera tiempo de lanzar esta consigna. Ha sido el mismo genio creador del pueblo el que, después de haber pasado por la amarga experiencia de 1905, aleccionado por ella, diera esta forma de poder proletario. La consecución de la victoria sobre el enemigo interior fue una tarea fácil en sumo grado. Fue de una facilidad extraordinaria crear el poder político, pues las masas nos proporcionaron la armazón, la base de este poder. La República de los Soviets nació de golpe. Pero quedaban todavía dos problemas de una dificultad inmensa cuya solución en modo alguno podía ser aquel camino triunfal por el que avanzó en los primeros meses nuestra revolución. No nos cabía ni podía cabemos la menor duda de que, en lo sucesivo, la revolución socialista iba a tropezar con tareas de una dificultad gigantesca.

Primero, las tareas de organización interna que se plantean a toda revolución socialista. La diferencia entre la revolución socialista y la revolución burguesa está, precisamente, en que, en el segundo caso, existen formas plasmadas de relaciones capitalistas, mientras que el Poder soviético, poder proletario, no se encuentra con relaciones plasmadas, si se prescinde de las formas más desarrolladas del capitalismo, que en el fondo abarcan sólo en pequeña medida a los sectores superiores de la industria y muy escasamente a la agricultura. La organización de la contabilidad, el control sobre las empresas más importantes, la transformación de todo el mecanismo económico del Estado en una sola gran máquina, en un organismo económico que funcione de modo que centenares de millones de personas se rijan por un solo plan: he ahí la inmensa tarea de organización que recayó sobre nuestros hombros. Dadas las condiciones actuales del trabajo, este problema no admitía en absoluto una solución improvisada, como las que solíamos dar a los problemas de la guerra civil. La propia naturaleza del asunto impedía tales soluciones. Si habíamos triunfado con tanta facilidad sobre las fuerzas de Kaledin[8]y creado la República Soviética con una resistencia que no merecía siquiera gran atención fue porque tal curso de los acontecimientos había sido prejuzgado ya por todo el desarrollo objetivo precedente, de manera que sólo faltaba pronunciar la última palabra, cambiar el rótulo y, en lugar de “los Soviets constituyen una organización profesional”, poner “los Soviets constituyen la única forma de poder del Estado”; si esto era así, en el terreno de los problemas de organización las cosas se presentaban de modo muy distinto. Aquí encontrarnos dificultades inmensas. Aquí, desde el primer momento, fue evidente, para todo el que quisiera examinar con detenimiento los problemas de nuestra revolución, que la descomposición que la guerra había llevado a la sociedad capitalista sólo podía ser vencida con una tenaz autodisciplina durante un período prolongado; sólo con métodos extraordinariamente duros, largos y tenaces podremos superar esta descomposición y vencer a los elementos que contribuyeron a acrecentarla y tenían la revolución por un medio de desembarazarse de las viejas cadenas, procurando sacar de ella la mayor tajada posible.

La aparición de estos elementos a gran escala era un fenómeno inevitable en un país de pequeños campesinos y en unos momentos de indecible ruina. Y nos espera una lucha contra estos elementos, lucha cien veces más difícil que no promete posiciones efectistas de ningún género, una lucha que apenas hemos iniciado. Nos hallamos en el primer peldaño de esta lucha. Nos esperan todavía duras pruebas. En este caso, dada la situación objetiva de las cosas, en modo alguno podremos limitarnos a marchar triunfalmente a banderas desplegadas, como lo hicimos contra las tropas de Kaledin. Todo el que intentase trasladar este método de lucha a los problemas de organización que se alzan en el camino de la revolución sufriría un fracaso rotundo como político, como socialista y como dirigente de la revolución socialista.

Y la misma suerte les esperaba a algunos de nuestros jóvenes camaradas que se entusiasmaban de la inicial marcha victoriosa de la revolución en el momento en que ante ésta se alzó la segunda dificultad gigantesca: la cuestión internacional. Si hemos podido acabar de manera tan fácil con las bandas de Kerenski, si hemos instaurado con tanta facilidad nuestro poder, si hemos conseguido sin la menor dificultad los decretos de socialización de la tierra y del control obrero[9]si hemos logrado de manera tan fácil todo esto se debe exclusivamente a que las condiciones favorables creadas durante breve tiempo nos protegieron del imperialismo internacional. El imperialismo internacional, con todo el poderío de su capital, con su máquina bélica muy bien organizada, que constituye la verdadera fuerza, la verdadera fortaleza del capital internacional, en modo alguno, ni bajo condición alguna, podía acostumbrarse a vivir al lado de la República Soviética tanto por su situación objetiva como por los intereses económicos de la clase capitalista que él encarna; y no podía en virtud de los vínculos comerciales, de las relaciones financieras internacionales. Aquí el conflicto es inevitable. En ello reside la más grande dificultad de la revolución rusa, su mayor problema histórico: la necesidad de resolver los problemas internacionales, la necesidad de provocar la revolución internacional; la necesidad de realizar el paso de nuestra revolución, como revolución estrechamente nacional, a la revolución mundial. Este problema se nos planteaba con toda su extraordinaria dificultad. Repito, una gran parte de nuestros jóvenes amigos, que se consideran izquierdistas, ha comenzado a olvidar lo más importante, a saber: la razón por la cual, durante las semanas y meses del grandioso triunfo que siguió a Octubre, hemos podido seguir marchando de triunfo en triunfo con tanta facilidad. Y, sin embargo, esto ha sido posible únicamente porque la especial coyuntura internacional que se había formado nos ha protegido temporalmente del imperialismo. Otras cosas le preocupaban más que nosotros. También a nosotros nos pareció que otras cosas debían preocuparnos más que el imperialismo. Y a algunos imperialistas les preocupaban más otras cosas que nosotros únicamente porque toda la inmensa fuerza sociopolítica y militar del actual imperialismo mundial se hallaba en ese momento dividida en dos grupos por una guerra intestina. Enzarzados en esta guerra, las fieras imperialistas han llegado a extremos increíbles, a empeñarse en una lucha a muerte hasta el punto de que ninguno de estos grupos ha podido concentrar fuerzas de alguna importancia contra la revolución rusa. En octubre coincidimos precisamente con este momento: nuestra revolución ha coincidido precisamente —esto es paradójico, pero justo— con el feliz momento en que sobre la gran mayoría de los países imperialistas se habían abatido inauditas calamidades en forma de exterminio de millones de vidas; momento en que la guerra extenuaba a los pueblos con estragos nunca vistos; momento en que, en el cuarto año de guerra, los países beligerantes se encontraban en un callejón sin salida, en una encrucijada; momento en que se planteaba objetivamente la cuestión de si podrían seguir luchando unos pueblos que habían sido llevados a semejante situación. Sólo gracias al hecho de que nuestra revolución ha coincidido con este feliz momento en que ninguno de los dos gigantescos grupos de fieras se hallaba en estado de lanzarse inmediatamente el uno sobre el otro ni podía agruparse contra nosotros; sólo aprovechando, como efectivamente aprovechó nuestra revolución, este momento en las relaciones políticas y económicas internacionales pudo recorrer su brillante camino triunfal en la Rusia europea, pasar a Finlandia y comenzar a conquistar el Cáucaso y Rumania

 

 

 

 

[1]Revolución de Octubre: revolución socialista que comenzó en Rusia el 25 de octubre (7 de noviembre). El II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia, que se reunió este día en Petrogrado, dispuso derrocar el Gobierno Provisional burgués y entregar el poder a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Formó un gobierno obrero y campesino: el Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por V. I. Lenin, promulgó el Decreto de la paz, dirigido a todos los pueblos y gobiernos de los países beligerantes con la propuesta de comenzar las negociaciones de paz, así como el Decreto de la tierra, que abolió la propiedad terrateniente en Rusia y declaró toda la tierra propiedad del pueblo.

[2]Revolución de Febrero: revolución democrática burguesa que empezó el 27 de febrero (11 de marzo) de 1917 en Rusia. La insurrección de los obreros de Petrogrado, a la que se adhirieron los soldados de la guarnición de la capital, derrocó el gobierno zarista. En Petrogrado, Moscú y otras ciudades se formaron Soviets de diputados obreros y soldados. Pero en los Soviets eran mayoría los representantes de los partidos pequeñoburgueses de los eseristas y los mencheviques que aplicaban una política de conciliación con la burguesía y cedieron el poder estatal al Gobierno Provisional, formado de líderes de los partidos políticos burgueses. Este gobierno no dio satisfacción a ninguna de las reivindicaciones de las masas populares. La tierra permaneció en propiedad de los grandes terratenientes, y el gobierno respondía con represiones a las luchas de los campesinos que exigían la abolición de la gran propiedad terrateniente. La inmensa mayoría de las masas trabajadoras exigía que se pusiera fin a la guerra imperialista que costó al pueblo innumerables sacrificios; pero, en cumplimiento de la voluntad de la burguesía imperialista, que obtenía superganancias colosales de la guerra, el Gobierno Provisional se proponía continuada "hasta el fin victorioso". Una vez anunciada la convocatoria de la Asamblea Constituyente, el Gobierno provisional posponía sin cesar la fecha de la misma. La burguesía de Rusia declaró, por boca del capitalista Riabushinski, uno de sus representantes, que estaba dispuesta a "estrangular la revolución con la mano sarmentosa del hambre" cerró fábricas y talleres, agravando intencionadamente el desbarajuste económico y desorganizando el abastecimiento de víveres en las ciudades; cada día era mayor el hambre en el país y más numerosos los contingentes de trabajadores que, convencidos de que el Gobierno Provisional traicionaba los intereses del pueblo, manifestaban su apoyo a los bolcheviques. Las reelecciones de los Soviets de diputados obreros y soldados, celebradas en el otoño de 1917 en Petrogrado y Moscú, dieron la mayoría a los bolcheviques en los Soviets de ambas capitales. En Petrogrado, Moscú y otras ciudades hubo nutridas manifestaciones de obreros y soldados que reivindicaban la entrega del poder estatal a los Soviets.

[3]El 18 de abril (1 de mayo) de 1917, el ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisional y líder del partido de los democonstitucionalistas P. Miliukov dirigió una nota a los Estados imperialistas de la Entente en la que declaraba que Rusia se comprometía a cumplir los tratados concertados por el gobierno zarista derrocado y estaba dispuesta a hacer la guerra "hasta el fin victorioso". La nota de Miliukov despertó la indignación de las grandes masas de trabajadores. El 20 y el 21 de abril hubo en Petrogrado manifestaciones bajo la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" Las manifestaciones tuvieron por resultado la destitución de Miliukov y la formación de un gobierno de coalición integrado por representantes de los partidos de los eseristas y los mencheviques junto a líderes de la burguesía.

[4]El 18 de junio (1 de julio) de 1917, por orden del Gobierno Provisional, que cumplía la voluntad de los imperialistas de la Entente, las tropas rusas pasaron a la ofensiva en el frente alemán. La ofensiva, comenzada contra la voluntad de las masas populares, que exigían se pusiera fin a la guerra imperialista, acabó en dura derrota y en la pérdida de unos 60.000 hombres. La ofensiva de julio levantó una ola de indignación contra la política criminal del Gobierno Provisional. El 3 de julio comenzaron las manifestaciones espontáneas de los obreros y soldados de Petrogrado. Los manifestantes lanzaron consignas bolcheviques de poner fin a la guerra imperialista y entregar todo el poder a los Soviets de diputados obreros y soldados. El 4 de julio prosiguieron las manifestaciones, más nutridas aún. De acuerdo con los líderes mencheviques y eseristas de los Soviets, el Gobierno Provisional lanzó contra los manifestantes unidades militares que ametrallaron a los participantes inermes de las manifestaciones.

El partido de los bolcheviques opinaba que aún no habían madurado las condiciones para la insurrección armada contra el Gobierno Provisional y para la toma del poder por los Soviets, pero participó en la manifestación con el fin de comunicarle un carácter pacífico. En la noche del 4 al 5 de julio, el Comité Central y el Comité de Petrogrado del partido de los bolcheviques adoptaron en reunión conjunta el acuerdo del cese organizado de la manifestación.

Después de las jornadas de julio, el Gobierno Provisional desencadenó contra los obreros de Petrogrado y, en primer orden, contra el partido de los bolcheviques, crueles represiones. Comenzaron las detenciones en masa, fueron asaltados los locales de los periódicos bolcheviques, y las unidades militares de moral revolucionaria fueron enviadas al frente.

[5]Korniloviada: sublevación contrarrevolucionaria que comenzó el 25 de agosto (7 de septiembre) de 1917 y estuvo encabezada por el general zarista L. Kornílov. El objetivo de la insurrección era poner fin al movimiento revolucionario creciente de los obreros y los campesinos, disolver los Soviets de diputados obreros y soldados e implantar en el país un régimen de dictadura militar contrarrevolucionaria. Kornílov lanzó un cuerpo de ejército de caballería contra el Petrogrado revolucionario. El partido de los bolcheviques llamó a los obreros y soldados a combatir a la contrarrevolución. Los destacamentos de la Guardia Roja, formados con rapidez, detuvieron el avance de las tropas de Kornílov. La insurrección fue sofocada en varios días, y el Gobierno Provisional se vio obligado, bajo la presión de las masas populares, a dar la orden de detención y procesamiento de Kornílov y sus cómplices.

[6]Se trata de la posición capituladora de L. Kámenev, G. Zinóviev y otros que se pronunciaron contra la Revolución Socialista de Octubre; y cuando la revolución triunfó, propusieron formar un gobierno en el que entrasen, además de los bolcheviques, representantes de los partidos de los mencheviques y los eseristas, hostiles a la revolución socialista.

[7]Conferencia de Abril: Conferencia nacional del partido de los bolcheviques que se celebró en Petrogrado del 24 al 29 de abril (7-12 de mayo) de 1917. Esta conferencia discutió las cuestiones siguientes: el momento actual (la guerra y la actitud ante el Gobierno Provisional); revisión del programa del partido; la situación en la Internacional y otras. Esta conferencia eligió el CC del partido encabezado por Lenin. El alcance histórico de la Conferencia de Abril consistió en que adoptó el programa leninista de transición a la segunda etapa de la revolución, trazó un plan de lucha para convertir la revolución democrática burguesa en revolución socialista y lanzó la consigna de paso de todo el poder a los Soviets.

[8]Fuerzas de Kaledin: contrarrevolucionarios que deben el nombre al general zarista y atamán de cosacos A. Kaledin, quien organizó después de la Revolución Socialista de Octubre levantamientos contrarrevolucionarios de los cosacos del Don.

[9]La Ley de socialización de la tierra del 18 (31) de enero de 1918 estipulaba la distribución igualitaria de la tierra según una norma "laboral" o "de consumo", exigida por el campesinado. A la vez, esta ley planteaba la tarea de "desarrollar la hacienda colectiva en agricultura como forma más ventajosa en el sentido de economía del trabajo y de los productos" con objeto de pasar a la economía socialista.

El Reglamento sobre el control obrero, aprobado por el CEC de toda Rusia el 14 (27) de noviembre de 1917, estipulaba la implantación del control obrero en las empresas sobre la producción y la distribución de todos los productos y materias primas. El control lo ejercían representantes electos de los obreros y empleados de la empresa de que se tratase. La implantación del control obrero desempeñó un gran papel en los preparativos para nacionalizar la industria.

 

 

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