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PREFACIO.

 

 
En el undécimo volumen de Obras Escogidasde V. I. Lenin en doce tomos hemos incluido libros, artículos y discursos suyos del período comprendido entre mayo de 1920 y marzo de 1921. En ellos, Lenin prosigue el estudio de los problemas más importantes de la edificación del socialismo, así como del movimiento comunista y obrero mundial.

El acontecimiento más relevante de dicho período en el movimiento obrero mundial fue el II Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en el verano de 1920.

Fue aquél un período de avance impetuoso del movimiento revolucionario internacional, durante el cual se incorporaron a la lucha nuevas y nuevas masas de trabajadores, aumentaron con rapidez la conciencia política y la cohesión de la clase obrera, surgieron y se afianzaron numerosos partidos comunistas.

Al mismo tiempo, en el movimiento comunista, en rápido crecimiento, se manifestaron dos peligros, que amenazaban con desviar del camino certero la lucha emancipadora del proletariado. De una parte, el oportunismo de derecha, el socialreformismo y el revisionismo; de otra, el oportunismo "de izquierda", que representaba una desviación de la teoría y la práctica del marxismo hacia el anaroosindicalismo y empujaba a los partidos comunistas a la senda, funesta para ellos, del aislamiento de las masas trabajadoras.

Lenin escribió en abril y mayo de 1920, con vistas al II Congreso de la Internacional Comunista, su libro genial La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. Esta obra, con la que comienza el presente torno, ponía en guardia a los comunistas contra los errores sectarios, dogmáticos y de otro carácter; enseñaba el arte de la acertada dirección política y, en primer término, la capacidad de luchar por las masas, de ganarlas ideológicamente para la causa de la vanguardia proletaria. En el libro se analizan, desde ese punto de vista, problemas trascendentales del movimiento obrero de Rusia. Las tesis y las conclusiones fundamentales de esta obra sirvieron de base a los acuerdos del II Congreso de la Internacional Comunista, cuyos documentos completaron y desarrollaron los postulados expuestos en La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. Lenin analiza en su libro las fuerzas motrices y las perspectivas del proceso revolucionario mundial, argumentando, a la vez, los principios programáticos, orgánicos y tácticos del movimiento comunista internacional.

Varios trabajos incluidos en este tomo esclarecen problemas relacionados con la guerra polaco— soviética, que fue, en el fondo, una nueva cruzada de la Entente contra la República de los Soviets. Ayudar al frente: tal era la tarea fundamental que Lenin señalaba en aquellos momentos, difíciles para el país, a todas las organizaciones sociales, del partido y de la economía. Los problemas de la guerra polaca fueron discutidos circunstanciadamente en la IX Conferencia del PC(b) de Rusia y en la II Conferencia de toda Rusia de organizadores responsables del trabajo en el campo, celebrada el 12 de junio de 1920.

La mayor parte de las obras que figuran en este tomo fueron escritas después de terminar la guerra civil, cuando el País de los Soviets entró en una nueva fase de desarrollo y pasaron a primer plano las tareas relacionadas con la edificación del socialismo.

La intervención militar extranjera y la guerra civil acrecentaron extraordinariamente la ruina originada por cuatro años de guerra imperialista. La industria, el transporte y la agricultura se encontraban en una situación grave en extremo. La población del país sufría grandes privaciones y dificultades, escaseaba el pan y faltaban otros artículos de primera necesidad.

En tales condiciones, Lenin señaló la tarea de crear la base material y técnica del socialismo, indicando que su eje era la electrificación. Debe destacarse especialmente, a este respecto, el informe que presentó al VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia el 22 de diciembre de 1920, en el que formuló una importantísima tesis: "El comunismo es el Poder soviético más la electrificación de todo el país". Las ideas de Lenin respecto a la creación de la base material y técnica del socialismo y a la electrificación del país sirvieron de base al famoso Plan GOELRO, primer plan a largo plazo de desarrollo de la economía de la República Soviética, calculado para diez o quince años.

En las obras incluidas en este tomo ocupan un lugar considerable los problemas relacionados con la educación comunista y el fomento de la cultura. En el artículo Del primer sábado comunista en la línea férrea Moscú-Kazán al sábado comunista dePrimero de Mayo en toda Rusia, Lenin decía que era necesario orientar todos los esfuerzos a formar una conciencia comunista, establecer nuevos vínculos sociales entre los individuos e inculcar una actitud nueva ante el trabajo y una nueva disciplina.

"Trabajaremos —indicaba— para inculcar en la conciencia, en los hábitos y en las costumbres cotidianas de las masas la regla de "Todos para uno y uno para todos", la regla de "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades"; para ir implantando de manera paulatina, pero tenaz, la disciplina comunista y el trabajo comunista".

En el tomo figura el histórico discurso pronunciado por Lenin en el III Congreso de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia —Tareas de las organizaciones juveniles—, documento programático del partido en la esfera de la educación comunista de la juventud.

Lenin concedía una importancia extraordinaria a la labor ideológica del Partido Comunista. "Nuestra tarea —recalcó en un discurso— consiste en vencer toda la resistencia de los capitalistas, no sólo la militar y la política, sino también la ideológica, que es la más profunda y poderosa". Lenin habló el 3 de noviembre de 1920 en la Conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política de las secciones provinciales y distritales de Instrucción Pública, exponiendo detalladamente cómo debía organizarse la labor educativa y política de masas en el país. Hizo objeto de una crítica demoledora la prédica burguesa del apoliticismo y recalcó la necesidad de que el partido dirija la vida estatal, económica y social en todos sus aspectos.

Diversas obras de este tomo esclarecen la lucha de Lenin y del partido contra los grupos oposicionistas que combatían la línea del PC(b) de Rusia, tomando como pretexto la función de los sindicatos, problema que había sido discutido más de una vez y resuelto por el partido. En la V Conferencia Sindical de toda Rusia (noviembre de 1920), el partido planteó la necesidad de renunciar a los métodos militares de trabajo en los sindicatos y pasar a una amplia democracia. Trotski se opuso a ello: exhortó a "apretar los tornillos" del comunismo de guerra y efectuar sin demora "la estatificación de los sindicatos", transformando éstos en un apéndice de la máquina del Estado. La labor fraccional de Trotski fue apoyada por Bujarin y diversos grupos antipartido.

Lenin puso al desnudo el oportunismo y la esencia antipartido de las plataformas que defendían dichos grupos y denunció el carácter fraccional de sus actividades. A estos problemas están dedicados dos trabajos de Lenin incluidos en el presente tomo: su discurso Sobre los sindicatos, el momento actual y los errores del camarada Trotski, pronunciado en una reunión conjunta de los delegados al VIII Congreso de los Soviets, y el artículo Una vez más acerca de los sindicatos, el momento actual y los errores de los camaradas Trotski y Bujarin.Al mismo tiempo Lenin expuso y desarrolló toda una serie de importantísimas tesis básicas concernientes al papel de los sindicatos en el sistema de la dictadura del proletariado y a sus tareas en la edificación del socialismo. Lenin definió los sindicatos como escuela de gobierno, escuela de administración, escuela de comunismo.

Todas las obras incluidas en el tomo han sido traducidas de la 5a edición en ruso de lasObrasCompletas de V. I. Lenin, preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS, indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas correspondientes. Al final del tomo se insertan notas aclaratorias y un índice de nombres.

LA EDITORIAL.

 

 

LA ENFERMEDAD INFANTIL DEL '''IZQUIERDISMO'' EN EL COMUNISMO.[1]

 

 
1. ¿En qué sentido puede hablarse de la importancia internacional de la revolución rusa?

En los primeros meses que siguieron a la conquista del poder político por el proletariado en Rusia (25/X-7/XI de 1917) podía pensarse que, debido a las inmensas diferencias existentes entre la Rusia atrasada y los países avanzados de Europa Occidental, la revolución proletaria en estos últimos se parecería muy poco a la nuestra. Hoy tenemos ya una experiencia internacional bastante grande, la cual demuestra con absoluta claridad que algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una importancia no local, particularmente nacional, sólo rusa, sino internacional. Y cuando hablo de importancia internacional no lo hago en el sentido lato de la palabra: no son sólo algunos, sino todos los rasgos fundamentales, y muchos secundarios, de nuestra revolución los que tienen importancia internacional desde el punto de vista de la influencia de aquélla en todos los países. No; hablo en el sentido más estrecho de la palabra, es decir, entendiendo por importancia internacional su trascendencia mundial o la inevitabilidad histórica de que se repita a escala universal lo ocurrido en nuestro país. Y debe reconocerse que algunos rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen esa importancia.

Está claro que sería un tremendo error exagerar esta verdad, no limitarse a aplicarla a algunos rasgos fundamentales de nuestra revolución. Sería erróneo, asimismo, perder de vista que después de triunfar la revolución proletaria, aunque no sea más que en uno de los países avanzados, se producirá, probablemente, un cambio radical, es decir: Rusia se convertirá poco después de esto no en un país modelo, sino de nuevo en un país atrasado (en el sentido "soviético" y socialista).

Pero en el presente momento histórico se trata precisamente de que el ejemplo ruso muestra a todos los países algo, y algo muy sustancial, de su futuro próximo e ineluctable. Los obreros avanzados de todos los países hace ya mucho que lo han comprendido y, con mayor frecuencia, más que comprenderlo, lo han aceptado, lo han sentido con su instinto de clase revolucionaria. De aquí "la importancia" internacional (en el sentido estrecho de la palabra) del Poder soviético y de los fundamentos de la teoría y la táctica bolcheviques. Esto no lo han comprendido los jefes "revolucionarios" de la II Internacional, como Kautsky en Alemania y Otto Bauer y Federico Adler en Austria, que se han convertido por ello en reaccionarios, en defensores del peor de los oportunismos y de la socialtraición. Digamos de paso que el folleto anónimo La revolución mundial (Weltrevolution), aparecido en 1919 en Viena (Sozialistische Biicherei, Heft 11; Ignaz Brand*), muestra con claridad singular todo el proceso discursivo y todo el conjunto de reflexiones, más exactamente, todo ese abismo de irreflexión, pedantería, vileza y traición a los intereses de la clase obrera, sazonado, además, con "la defensa" de la idea de "la revolución mundial".

* Biblioteca Socialista, opúsculo 11, Ignaz Brand. (N. de laEdit.)

Pero tendremos que dejar para otra ocasión ocuparnos con mayor detenimiento de este folleto. Consignemos aquí sólo una cosa más: en los tiempos, ya bien lejanos, en que Kautsky era todavía marxista, y no un apóstata, al abordar la cuestión como historiador preveía la posibilidad de una situación en la que el espíritu revolucionario del proletariado ruso serviría de modelo a Europa Occidental. Eso fue en 1902, cuando Kautsky publicó en la Iskra revolucionaria[2]el artículo Los eslavos y la revolución. En él decía:

"En la actualidad" (al contrario que en 1848) "se puede creer que los eslavos no sólo se han incorporado a las filas de los pueblos revolucionarios, sino que el centro de gravedad del pensamiento revolucionario y de la obra revolucionaria se desplaza cada día más hacia los eslavos. El centro revolucionario se traslada de Occidente a Oriente. En la primera mitad del siglo XIX se hallaba en Francia y, en algunos momentos, en Inglaterra. En 1848, también Alemania se incorporó a las filas de las naciones revolucionarias... El nuevo siglo empieza con acontecimientos que sugieren la idea de que marchamos hacia un nuevo desplazamiento del centro revolucionario, concretamente: de su traslado a Rusia...4

Es posible que Rusia, que tanta iniciativa revolucionaria ha asimilado de Occidente, esté hoy preparada ella misma para servirle de fuente de energía revolucionaria. El creciente movimiento revolucionario ruso resultará, quizá, el medio más poderoso para desarraigar ese espíritu de filisteísmo fláccido y de politiquería circunspecta que empieza a difundirse en nuestras filas y hará surgir de nuevo la llama viva del anhelo de lucha y la fidelidad apasionada a nuestros grandes ideales. Hace ya mucho que Rusia ha dejado de ser para Europa Occidental un simple baluarte de la reacción y del absolutismo. En la actualidad ocurre, quizá, todo lo contrario. Europa Occidental se convierte en el baluarte de la reacción y del absolutismo en Rusia... Es posible que los revolucionarios rusos hubieran acabado hace ya mucho con el zar si no tuviesen que luchar al mismo tiempo contra el aliado de éste: el capital europeo. Esperemos que esta vez conseguirán vencer a ambos enemigos y que la nueva "Santa Alianza" se derrumbará con mayor rapidez que sus predecesoras. Pero sea cual fuere el resultado de la lucha actual en Rusia, la sangre y los sufrimientos de los mártires que esta lucha engendrará —por desgracia, más de lo necesario— no serán vanos, sino que abonarán los gérmenes de la revolución social en todo el mundo civilizado y los harán crecer de un modo más esplendoroso y rápido. En 1848, los eslavos eran una helada horrible que abrasaba las flores de la primavera popular. Es posible que ahora estén llamados a ser la tormenta que rompa el hielo de la reacción y traiga consigo irresistiblemente una nueva y feliz primavera para los pueblos". (Carlos Kautsky. Los eslavos y la revolución, artículo publicado en Iskra, periódico revolucionario de la socialdemocracia rusa, núm. 18, 10 de marzo de 1902.)

¡No escribía mal Carlos Kautsky hace 18 años!

 

II. Una condición fundamental del éxito de los bolcheviques.

Es probable que casi todo el mundo vea ya hoy que los bolcheviques no se habrían mantenido en el poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea, de nuestro partido, sin el apoyo total e incondicional que le presta toda la masa de la clase obrera, es decir, todo lo que hay en ella de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de atraer a los sectores atrasados.

La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada e implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento (aunque no sea más que en un país) y cuyo poderío consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y ésta engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa. Por todos esos motivos, la dictadura del proletariado es imprescindible, y la victoria sobre la burguesía es imposible sin una guerra prolongada, tenaz, desesperada, a muerte; una guerra que requiere serenidad, disciplina, firmeza, inflexibilidad y voluntad única.

Lo repito: la experiencia de la dictadura proletaria triunfante en Rusia ha mostrado palmariamente a quien no sabe pensar, o no ha tenido necesidad de reflexionar sobre este problema, que la centralización incondicional y la disciplina más severa del proletariado constituyen una condición fundamental de la victoria sobre la burguesía.

De esto se habla a menudo. Pero no se piensa suficientemente, ni mucho menos, en qué significa esto y en qué condiciones es posible. ¿No convendría que las exclamaciones de saludo al Poder de los Soviets y a los bolcheviques se vieran acompañadas con mayor frecuencia del más serio análisis de las causas que han permitido a los bolcheviques forjar la disciplina que necesita el proletariado revolucionario?

El bolchevismo existe como corriente del pensamiento político y como partido político desde 1903. Sólo la historia de todo el período de existencia del bolchevismo puede explicar de un modo satisfactorio por qué éste pudo forjar y mantener, en las condiciones más difíciles, la disciplina férrea necesaria para la victoria del proletariado.

Y surgen, ante todo, las preguntas siguientes: ¿cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza? Primero, por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si queréis, de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias, pero también conlas masas trabajadoras no proletarias. Tercero, por el acierto de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por el acierto de su estrategia y de su táctica políticas, a condición, de que las masas más extensas se convenzan de ello por experienciapropia. Sin estas condiciones es imposible la disciplina en un partido revolucionario verdaderamente capaz de ser el partido de la clase avanzada, llamada a derrocar a la burguesía y transformar toda la sociedad. Sin estas condiciones, los intentos de implantar una disciplina se convierten,  de manera ineluctable, en una ficción, en una frase, en gestos grotescos. Pero, por otra parte, estas condiciones no pueden brotar de golpe. Se forman únicamente a través de una labor prolongada, de una dura experiencia; su formación se ve facilitada por una acertada teoría revolucionaria, la cual, a su vez, no es un dogma, sino que sólo se forma de manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.

Si el bolchevismo pudo concebir y llevar a la práctica con éxito en los años 1917-1920, en condiciones de una gravedad inaudita, la centralización más severa y la disciplina férrea, ello se debe sencillamente a una serie de peculiaridades históricas de Rusia.

De una parte, el bolchevismo surgió en 1903 sobre la más sólida base de la teoría del marxismo. Y la justedad de esta teoría revolucionaria —y sólo de ésta— ha sido demostrada tanto por la experiencia universal de todo el siglo XIX como, en particular, por la experiencia de los titubeos, los vaivenes, los errores y los desengaños del pensamiento revolucionario en Rusia. En el transcurso de casi medio siglo, aproximadamente de 1840 a 1890, el pensamiento avanzado en Rusia, bajo el yugo del despotismo del zarismo inauditamente salvaje y reaccionario, buscó ávidamente una teoría revolucionaria justa, siguiendo con celo y atención admirables cada "última palabra" de Europa y América en este terreno. Rusia hizo suya a través de largos sufrimientos la única teoría revolucionaria justa, el marxismo, en medio siglo de torturas y de sacrificios sin precedente, de heroísmo revolucionario nunca visto, de energía increíble y de búsquedas abnegadas, de estudio, de pruebas en la práctica, de desengaños, de comprobación y de comparación con la experiencia de Europa. Gracias a la emigración provocada por el zarismo, la Rusia revolucionaria de la segunda mitad del siglo XIX contaba, como ningún otro país, con abundantes relaciones internacionales y un excelente conocimiento de todas las formas y teorías universales del movimiento revolucionario.

De otra parte, el bolchevismo, surgido sobre esta base teórica de granito, tuvo una historia práctica de quince años (1903-1917), sin parangón en el mundo por su riqueza de experiencias. Porque ningún país conoció, ni siquiera aproximadamente, en el transcurso de esos quince años una experiencia revolucionaria tan rica, una rapidez y una variedad tales de sucesión de las distintas formas del movimiento, legal e ilegal, pacífico y tempestuoso, clandestino y abierto, en los círculos y entre las masas, parlamentario y terrorista. En ningún país estuvo concentrada en tan poco tiempo semejante variedad de formas, matices y métodos de lucha de todas las clases de la sociedad contemporánea; de una lucha, además, que, a consecuencia del atraso del país y del peso del yugo zarista, maduraba con singular rapidez y asimilaba con particular ansiedad y eficacia "la última palabra" de la experiencia política americana y europea.

 

III. Etapas principales de la historia del bolchevismo.

Años de preparación de la revolución (1903-1905).

Presagios de gran tormenta por doquier. Efervescencia y preparativos en todas las clases. En el extranjero, la prensa de la emigración plantea teóricamente todos los problemas esenciales de la revolución. Los representantes de las tres clases fundamentales, de las tres corrientes políticas principales —la liberal burguesa, la democrática pequeño burguesa (encubierta con los rótulos de las tendencias "socialdemócrata" y "socialista— revolucionaria"[3]) y la proletaria revolucionaria— anticipan y preparan, con una encarnizada lucha de concepciones programáticas y tácticas, la futura lucha de clases abierta. Todos los problemas que motivaron la lucha armada de las masas en 1905-1907 y en 1917-1920 pueden (y deben) observarse, en forma embrionaria, en la prensa de aquella época. Está claro que entre estas tres tendencias principales hay todas las formaciones intermedias, de transición, híbridas que se quiera. Más exactamente: en la lucha entre los órganos de prensa, los partidos, las fracciones y los grupos van cristalizando las tendencias ideológicas y políticas clasistas de verdad; las clases se forjan una arma ideológica y política adecuada para las batallas futuras.

 

 

 

 

[1]Lenin escribió el libro La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo en vísperas del II Congreso de la Internacional Comunista. El trabajo principal lo efectuó en abril de 1920 (el manuscrito quedó terminado el 27 de dicho mes); elAnexo lo escribió el 12 de mayo, cuando se estaban corrigiendo ya las galeradas. Lenin controló personalmente los plazos de composición e impresión del libro, a fin de que su aparición coincidiera con el comienzo del II Congreso de la Comintern. El libro vio la luz el 12 de junio de 1920 y casi al mismo tiempo, en julio, se editó en la Rusia Soviética en francés e inglés. La obra La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo -cuyas tesis y conclusiones principales sirvieron de base a los acuerdos del II Congreso de la Comintern- fue distribuida entre los delegados al congreso. Este libro ha alcanzado gran difusión, habiéndose editado en numerosos países.

[2]Iskra ("La Chispa"): primer periódico marxista clandestino para toda Rusia, fundado por Lenin en diciembre de 1900. Se publicó en el extranjero, siendo enviado ilegalmente a Rusia. Desempeñó un magno papel en la cohesión ideológica de los socialdemócratas rusos y en los preparativos para unificar en un partido marxista revolucionario las organizaciones socialdemócratas dispersas.

Después de la escisión del partido en bolcheviques y mencheviques, producida en el II Congreso del POSDR (1903), Iskra pasó a manos de los mencheviques (a partir del número 52) y empezó a denominarse "nueva" Iskra para diferenciarse de la "vieja" Iskra, la leninista. La nueva Iskra dejó de ser un combativo órgano del marxismo revolucionario: los mencheviques transformaron el periódico en un órgano de lucha contra el marxismo y contra el partido, en una tribuna del oportunismo.

[3]Lenin alude a los mencheviques y eseristas (socialistas-revolucionarios).

Mencheviques: adeptos de una corriente oportunista p ruso), en tanto que los oportunistas quedaron en minoría ("menshinstvó"). Ese es el origen de las denominaciones de "bolcheviques" (mayoritarios) y "mencheviques" (minoritarios).

Durante la revolución de 1905-1907 los mencheviques se pronunciaron contra la hegemonía de la clase obrera en la revolución y contra la alianza de la clase obrera con el campesinado, exigiendo que se concertase un acuerdo con la burguesía liberal. En los años de reacción (1907-1910) que siguieron a la derrota de la revolución, la mayoría de los mencheviques se hicieron liquidadores. Al triunfar la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, los mencheviques y los eseristas (socialistas-revolucionarios) formaron parte del Gobierno Provisional burgués, apoyaron su política imperialista y lucharon contra la creciente revolución socialista.

A raíz de la Revolución Socialista de Octubre, los mencheviques se convirtieron en un partido abiertamente contrarrevolucionario, organizador de complots y levantamientos encaminados a derrocar el Poder soviético.

Socialistas-revolucionarios(eseristas, s. r.): partido de demócratas pequeñoburgueses formado a fines de 1901 y comienzos de 1902 mediante la unificación de diversos grupos y círculos populistas. En los años de la primera guerra mundial, la mayoría de los eseristas sustentó posiciones socialchovinistas. Al triunfar la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, los eseristas, junto con los mencheviques y los democonstitucionalistas (demócratas- constitucionalistas), fueron el apoyo principal del Gobierno Provisional burgués, del que formaron parte los líderes de dicho partido. Después de la Revolución Socialista de Octubre, los eseristas lucharon activamente contra el Poder soviético.

 

 

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