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PREFACIO

 

Componen el sexto tomo de las Obras de J. V. Stalin trabajos escritos en 1924.

El año 1924 fue el primero en que el Partido Bolchevique y el pueblo soviético continuaron su trabajo creador de edificación del socialismo sin V. I. Lenin, bajo la dirección del camarada Stalin, quien agrupó estrechamente el Partido en torno al Comité Central y lo movilizó para la lucha por la edificación del socialismo en la U.R.S.S.

Las obras del camarada Stalin que integran el presente tomo desempeñaron un papel inmenso en la derrota ideológica del trotskismo y de otros grupos antileninistas, en la defensa, la fundamentación y el desarrollo del leninismo.

Empieza el sexto tomo con la interviú concedida por el camarada Stalin a un redactor de la Agencia Telegráfica de Rusia «Acerca de la discusión» y con el informe en la XIII Conferencia del P.C.(b) de Rusia «Sobre las tareas inmediatas de la edificación del Partido». Tanto la interviú como el informe están consagrados a desenmascarar el trotskismo y a la lucha por la unidad ideológica y orgánica del Partido Bolchevique.

En su discurso «Con motivo de la muerte de Lenin», en el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., el camarada Stalin pronunció, en nombre del Partido Bolchevique, el solemne juramento de guardar sagradamente los preceptos legados por V. I. Lenin y de llevarlos a la práctica.

Figura en el tomo el conocido trabajo de J. V. Stalin «Los fundamentos del leninismo», en el que el leninismo está magistralmente expuesto y fundamentado teóricamente.

A las cuestiones de la situación internacional, a la vida interna del Partido y al fortalecimiento de éste, a la alianza de la clase obrera con el campesinado y a la educación y la reeducación de las masas trabajadoras en el espíritu del socialismo están dedicados los trabajos: «Informe de organización del Comité Central ante el XIII Congreso del P.C.(b) de Rusia», «Los resultados del XIII Congreso del P.C.(b) de Rusia», «La situación internacional», «Las tareas inmediatas del Partido en el campo» y otros.

El tomo termina con el trabajo «La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos», en el que está sintetizada teóricamente la experiencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre y fundamentada y desarrollada la teoría de Lenin acerca de la victoria del socialismo en un solo país.

En el tomo se publica por primera vez la «Carta al camarada Demián Biedni».

Instituto Marx-Engels-Lenin, anejo al C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S.

 

 

ACERCA DE LA DISCUSIÓN.

 

Declaraciones al redactor de la Agencia Telegráfica de Rusia 9 de enero de 1924.

Únicamente la Conferencia del Partido de la U.R.S.S., que ha de celebrarse dentro de una semana, hará el balance definitivo de la discusión que se ha desarrollado ampliamente en el P.C.(b) de Rusia y en su prensa. Ya ahora, a juzgar por las resoluciones que llegan de las organizaciones del Partido, es indudable que la posición del Comité Central es aprobada por más del 90% de toda la masa de los militantes organizados en el P.C.(b) de Rusia.

El Partido se da cuenta de que nuestros enemigos tratan de utilizar la discusión para propalar toda clase de infundíos acerca de una pretendida descomposición del P.C.(b) de Rusia, de un debilitamiento del Poder Soviético, etc., etc. Apreciar así nuestra discusión es, por lo menos, ridículo. En realidad, las discusiones que reiteradamente han surgido en nuestro Partido han tenido cada vez como resultado la eliminación de las divergencias. El Partido ha salido siempre de estas discusiones más unido y más fuerte. La presente discusión ha puesto de manifiesto la extraordinaria madurez política de las masas obreras, que son las que ejercen el Poder del Estado en la U.R.S.S. Debo declarar —y todo el que conozca el fondo de la discusión puede convencerse de ello— que, respecto a todas las cuestiones políticas y económicas fundamentales, en la inmensa mayoría del Partido reina una unidad de criterio absoluta. Los principios de nuestra política exterior e interior siguen inconmovibles.

La esencia de la discusión, esencia que se debate apasionadamente en todas las reuniones de las organizaciones del Partido, sin excepción, estriba en lo siguiente:

1) ¿Debe ser nuestro Partido un organismo único, con iniciativa propia y una voluntad única, o, por el contrario, hay que tolerar la formación de distintas fracciones y grupos, como partes en el seno del Partido?

2) ¿Se ha justificado, en lo fundamental, la llamada nueva política económica (Nep) o necesita ser revisada?

El Comité Central, con la inmensa mayoría del Partido, estima que el Partido debe ser un todo único y que la Nep no necesita ser revisada. Un reducido grupo oposicionista, del que forman parte dos o tres nombres conocidos, sustenta un punto de vista diferente al del Partido en su conjunto.

Mediante una discusión a fondo, y completamente pública, el Partido trata de esclarecer todos los detalles de esta cuestión. La Conferencia del Partido tomará sobre este problema su autorizada resolución, obligatoria para todos los miembros del Partido. Estoy convencido —ha dicho en conclusión el camarada Stalin— de que, como resultado de la discusión, el Partido será más fuerte y estará más unido que nunca y de que podrá cumplir aun mejor la tarea de dirigir la vida del inmenso país en las condiciones del rápido ascenso económico y cultural que se ha iniciado.

Publicado el 10 de enero de 1924 en el núm. 473 de “Zariá Vostoka”.

 

XIII CONFERENCIA DEL PC(b) DE RUSIA [1]

16-18 de enero de 1924

1. Informe sobre las tareas inmediatas de la edificación del partido, 17 de enero.

Camaradas: En las reuniones de discusión, nuestros oradores suelen empezar por la historia del problema: cómo surgió la cuestión de la democracia interna del Partido, quién dijo primero A, quién pronunció luego B, etc., etc. Creo que este método es inservible para nosotros, porque introduce elementos de chismorrería y acusaciones reciprocas, sin aportar nada positivo. Creo que será mucho mejor si empezamos examinando cómo acogió el Partido la resolución del Buró Político acerca de la democracia[2], confirmada después por el Pleno del C.C.

Debo dejar sentado que esta resolución es, al parecer, la única en toda la historia de nuestro Partido que, después de una encarnizada discusión, sobre el problema de la democracia, halló, lo que se dice literalmente, la aprobación unánime de todo el Partido. Incluso las organizaciones y las células oposicionistas, que, en general, estaban contra la mayoría del Partido y contra el Comité Central, incluso ellas, aun con todo su deseo de poner peros, no encontraron motivo ni fundamento para ponerlos, y, por lo común, esas organizaciones y células, reconociendo en sus resoluciones que las tesis fundamentales de la resolución del Buró Político acerca de la democracia interna del Partido eran justas, trataban de distinguirse en algo de las demás organizaciones, añadiendo una coletilla como la siguiente: todo lo que habéis puesto está bien, pero no os metáis con Trotski; o como este otro: todo lo que habéis puesto es acertado, pero os habéis retrasado un poquito, no habría estado mal hacer todo eso antes. No voy a plantear aquí quién se mete con quién. Me parece que si nos paramos a pensar las cosas, veremos que la conocida sentencia acerca de Tit Títich podría aplicarse muy bien a Trotski: "¿Quién se mete contigo, Tit Títich? Tú mismo eres capaz de meterte con todo el mundo". (Risas). Pero ya he dicho que no voy a extenderme en esta cuestión. Incluso admito que alguien se mete en realidad con Trotski. Pero ¿acaso es ésa la cuestión? ¿Qué principio puede haber en esa cuestión de que alguien se meta con alguien? De lo que se trata aquí es de la resolución desde el punto de vista de los principios, y no de quién se mete con quién. Quiero decir con esto que ni siquiera las células y las organizaciones oposicionistas más definidas y violentas se han decidido a hacer ninguna objeción de principio contra la resolución del Buró Político del C.C. y del Presídium de la Comisión Central de Control. Dejo esto sentado como un hecho, para señalar una vez más que es difícil encontrar en toda la historia de nuestro Partido un caso análogo, en que una resolución, que ha resistido la dura prueba de una encarnizada discusión, haya encontrado, no sólo entre la mayoría, sino literalmente en todo el Partido, una aprobación tan unánime.

De esto saco dos deducciones. La primera deducción es que la resolución del Buró Político y de la C.C.C. responde plenamente a las actuales necesidades y demandas del Partido. La segunda deducción es que el Partido saldrá de esta discusión acerca de la democracia interna del Partido más fuerte y más unido todavía. Esta deducción es, por decirlo así, un certero golpe contra nuestros enemigos del extranjero, que llevan mucho tiempo frotándose las manos con motivo de nuestra discusión, pensando que a consecuencia de ella se debilitará nuestro Partido y se disgregará el Poder.

No voy a extenderme en cuanto a la esencia de la democracia interna del Partido. Los fundamentos de esta democracia están expuestos en la resolución discutida de arriba abajo y de abajo arriba por todo el Partido; ¿para qué repetirlos una vez más? Únicamente diré una cosa: por lo visto, no habrá una democracia amplia, completa. Por lo visto, esa democracia no rebasará los límites trazados por los Congresos X, XI y XII. Sabéis muy bien qué límites son ésos; por eso no hablaré de ellos aquí. Tampoco voy a extenderme explicando que la garantía fundamental de que la democracia interna del Partido se convierta en carne de la carne y sangre de la sangre del Partido, es el reforzamiento de la actividad y de la conciencia de las masas del Partido. De ello se habla también con bastante detalle en nuestra resolución.

Paso a la cuestión de cómo algunos de nuestros camaradas y algunas de nuestras organizaciones fetichizan el problema de la democracia, considerándolo como algo absoluto, fuera del tiempo y del espacio. Quiero decir con esto que la democracia no es algo dado de una vez para siempre y para todas las condiciones, pues a veces no hay posibilidad de ejercerla ni tiene sentido el hacerlo. Para que la democracia interna del Partido sea posible, se requieren dos condiciones o dos grupos de condiciones, interiores y exteriores, sin las cuales es vano hablar de la democracia.

Es necesario, en primer lugar, que la industria se desarrolle; que no empeore la situación material de la clase obrera; que la clase obrera crezca cuantitativamente; que se eleve la cultura de la clase obrera; que la clase obrera crezca también cualitativamente. Es necesario que el Partido, como vanguardia de la clase obrera, crezca también, ante todo cualitativamente, y en primer término a base de los elementos proletarios del país. Estas condiciones de carácter interior son absolutamente imprescindibles para que se pueda plantear la cuestión de ejercer verdaderamente, y no sobre el papel, la democracia interna del Partido.

Pero estas condiciones, solas, no bastan. Ya he dicho que hay otro grupo de condiciones, condiciones de carácter exterior, sin las cuales es imposible la democracia en el seno del Partido. Me refiero a determinadas condiciones internacionales, que aseguren más o menos la paz, el desarrollo pacífico, sin lo cual la democracia en el Partido es inconcebible. Con otras palabras: si nos atacaran y tuviésemos que defender el país con las armas en la mano, ni hablar se podría de democracia, porque habría que relegarla a un lado. El Partido se movilizaría, nosotros lo militarizaríamos, y la cuestión de la democracia interna del Partido dejaría automáticamente de plantearse.

Por eso creo que la democracia debe ser considerada en dependencia de las condiciones y que no debe haber fetichismo en cuanto a la democracia interna del Partido, porque su ejercicio depende, como veis, de condiciones concretas de tiempo y de lugar.

Para que luego no haya apasionamientos superfluos y acusaciones infundadas, debo mencionar también los obstáculos que se alzan ante el Partido en cuanto a la aplicación de la democracia, obstáculos que impiden la aplicación de la democracia incluso si se cuenta con las dos condiciones favorables fundamentales —interiores y exteriores— arriba señaladas. Esos obstáculos, camaradas, existen; ejercen una influencia profunda en nuestro trabajo de Partido y no tengo derecho a silenciarlos. ¿En qué consisten esos obstáculos?

Esos obstáculos, camaradas, consisten, en primer lugar, en que en las cabezas de algunos de nuestros funcionarios se hallan vivas aún las reminiscencias del viejo período de guerra, cuando el Partido estaba militarizado, reminiscencias que engendran ciertas ideas no marxistas, como esa de que nuestro Partido no es un organismo con iniciativa propia, con una vida ideología y política propia, sino una especie de sistema de instituciones, inferiores, medias y superiores. Cierto es que de esta idea, absolutamente no marxista, no se ha hecho una exposición acabada en ninguna parte; en ninguna parte ha sido formulada con toda plenitud; pero elementos de esta concepción viven en las cabezas de algunos de nuestros funcionarios que cumplen tareas de Partido y les impiden aplicar consecuentemente la democracia interna del Partido. Por eso, la lucha contra esas ideas, la lucha contra las reminiscencias del período de guerra, tanto en los organismos centrales como en las demás organizaciones del Partido, es una tarea inmediata de éste.

El segundo obstáculo que estorba en la aplicación de la democracia en el Partido es la presión que el aparato burocrático estatal ejerce sobre el aparato del Partido, sobre nuestros funcionarios del Partido. La presión de ese enorme aparato sobre nuestros cuadros del Partido no siempre se percibe y no siempre salta a la vista, pero no cesa ni un instante. Esa presión del inmenso aparato burocrático estatal se manifiesta, en fin de cuentas, en el hecho de que muchos de nuestros funcionarios de los organismos centrales y de las demás organizaciones del Partido se desvían, con frecuencia sin quererlo y de un modo por completo inconsciente, de la democracia interna del Partido, de una línea en cuya justeza creen, pero que, en muchos casos, no son capaces de aplicar consecuentemente. Podéis imaginaros el aparato burocrático estatal, que cuenta, por lo menos, con un millón de empleados y que está compuesto de elementos ajenos en su mayoría al Partido, y nuestro aparato del Partido, que no tiene más allá de veinte o treinta mil personas, con la misión de subordinar al Partido el aparato estatal, con la misión de convertirlo en un aparato socialista. ¿Qué valor tiene nuestro aparato estatal sin el apoyo del Partido? Sin la ayuda, sin el apoyo de nuestro aparato del Partido, vale, desgraciadamente, bien poco. Y he aquí que cada vez que nuestro aparato del Partido se ahonda en cualquier rama de la administración del Estado, tiene con frecuencia que imprimir a su trabajo de Partido en estos organismos la misma dirección que siguen en su labor los aparatos del Estado. Concretamente: el Partido debe trabajar para educar políticamente a la clase obrera, para hacer más profunda la conciencia de la clase obrera, y al mismo tiempo se necesita recaudar el impuesto en especie, realizar esta o la otra campaña, pues sin eso, sin la ayuda del Partido, los aparatos estatales son incapaces de cumplir su misión. Y en estos casos, nuestros funcionarios se ven entre dos fuegos, entre la necesidad de corregir la línea de los aparatos estatales, que actúan a la vieja usanza, y la necesidad de mantener su ligazón con los obreros. Y, con frecuencia, ellos mismos se burocratizan.

Tal es el segundo obstáculo, difícil de vencer, pero que debe ser vencido, cueste lo que cueste, para facilitar el ejercicio de la democracia interna del Partido.

Finalmente, hay un tercer obstáculo que impide el ejercicio de la democracia: es el bajo nivel cultural de muchas de nuestras organizaciones, de nuestras células, sobre todo en las regiones periféricas (no lo tomen a mal), que impide a nuestras organizaciones del Partido aplicar consecuentemente la democracia interna del Partido. Vosotros sabéis que la democracia exige una cultura mínima de los miembros de las células y de las organizaciones en su conjunto y la existencia de un mínimo de funcionarios activos a quienes se pueda elegir a los puestos de dirección, Y si la organización no tiene ese mínimo de funcionarios activos, si el nivel cultural de la organización misma es bajo, ¿qué se debe hacer? Naturalmente, en estos casos hay que apartarse de la democracia, proveer los cargos por nombramiento, etc., etc.

Tales son los obstáculos que se han alzado y se alzarán aún ante nosotros y que debemos vencer, para ejercer honrada y consecuentemente la democracia interna del Partido.

Os he recordado estos obstáculos que se alzan ante nosotros y las condiciones exteriores e interiores sin las cuales la democracia se convierte en una vacía frase demagógica porque algunos camaradas fetichizan la cuestión de la democracia, hacen de ella algo absoluto, suponiendo que la democracia es posible siempre y en todas las condiciones y que lo único que impide su ejercicio es la "mala" voluntad de "los del aparato". Para combatir esa concepción idealista, concepción ajena a nosotros, no marxista, no leninista, os he recordado, camaradas, las condiciones para el ejercicio de la democracia y los obstáculos que en el momento presente se alzan ante nosotros.................................

 

 

 

 

[1] La XIII Conferencia del P.C.(b) de Rusia se celebró en Moscú del 16 al 18 de enero de 1924. Asistieron a ella 128 delegados con voz y voto y 222 con derecho a voz. La Conferencia discutió cuestiones de la edificación del Partido, de la situación internacional y las tareas inmediatas de la política económica. En relación con el informe de J. V. Stalin “Sobre las tareas inmediatas de la edificación del Partido”, la Conferencia adoptó dos resoluciones: “Sobre la edificación del Partido” y “Sobre los resultados de la discusión y la desviación pequeñoburguesa en el Partido”.

La Conferencia condenó a la oposición trotskista, declarando que representaba en el Partido una desviación pequeñoburguesa respecto del marxismo, y propuso al Comité Central que diese publicidad al séptimo punto de la resolución “Sobre la unidad del Partido”, adoptada por el X Congreso del P.C.(b) de Rusia a propuesta de V. I. Lenin. Estos acuerdos de la Conferencia fueron aprobados por el XIII Congreso del Partido y por el V Congreso de la Internacional Comunista. (V. las resoluciones de la Conferencia en “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 535-556, ed. en ruso, 1941.).

[2] Se alude a la resolución sobre la edificación del Partido adoptada en la reunión conjunta del Buró Político del C.C. y el Presídium de la C.C.C. del P.C.(b) de Rusia del 5 de diciembre de 1923 y que fue publicada el 7 de diciembre de 1923 en el núm. 278 de “Pravda”. El Pleno del C.C. del P.C.(b) de Rusia, celebrado el 14 y el 15 de enero de 1924, hizo el balance de la discusión en el Partido y aprobó la resolución del Buró Político del C.C. y del Presídium de la C.C.C. sobre la edificación del Partido, para presentarla a la XIII Conferencia del Partido (v. “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 533-540, ed. en ruso, 1941)

 

 

 

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