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PREFACIO.

  

Componen el noveno tomo de las Obras de J. V. Stalin trabajos escritos desde diciembre de 1926 hasta julio de 1927.

En ese período, los obreros y los campesinos de la U.R.S.S., bajo la dirección del Partido Bolchevique y basándose en las decisiones del XIV Congreso y de la XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S., continuaban la lucha por la industrialización socialista del país.

El fortalecimiento de la economía socialista de la U.R.S.S. suscitó un gran recrudecimiento de la lucha de los Estados imperialistas contra la Unión Soviética y de la lucha de los elementos capitalistas contra los elementos socialistas en el interior del país.

Contra el Poder Soviético “se forma una especie de frente único, que va desde Chamberlain hasta Trotski”.

En el informe “Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro Partido”, pronunciado en el VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, y en el resumen de la discusión en torno a dicho informe, en sus discursos en la XV Conferencia del Partido de la provincia de Moscú y en la asamblea de los obreros de los talleres' ferroviarios Stalin, así como en el artículo. “Notas sobre temas de actualidad” y en otros trabajos, J. V. Stalin defiende y desarrolla la doctrina marxista— leninista del Partido como principal fuerza dirigente y orientadora del Estado Soviético, desenmascara las “teorías” hostiles a la causa de la clase obrera y del Partido Bolchevique, propugnadas por los líderes del bloque trotskista-zinovievista y la labor de zapa de dichos líderes en el P.C.(b) de la U.R.S.S. yen la Internacional Comunista.

En estos trabajos, J. V. Stalin desarrolla cuestiones de la teoría y la práctica de la industrialización socialista, de la edificación del socialismo en la U. R .S.S.; subraya la unidad y la indivisibilidad de las tareas nacionales e internacionales de la revolución socialista; fija la línea del Partido en la política exterior al acentuarse el peligro de una nueva agresión armada contra la U.R.S.S. y traza las tareas para fortalecer la capacidad de defensa de la Unión Soviética.

En los trabajos “Acerca de las tres consignas fundamentales del Partido sobre la cuestión campesina”, “En torno al problema del gobierno obrero y campesino” y “Sobre la consigna de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres en el período de preparación de Octubre”, se desarrolla la doctrina leninista de la alianza de la clase obrera con el campesinado, del papel dirigente del proletariado en esta alianza, y se muestra la esencia de clase del Estado y el Gobierno Soviéticos.

En el noveno tomo hay muchos trabajos dedicados al análisis de las fuerzas motrices y las perspectivas del desarrollo del movimiento democrático-revolucionario y anti-imperialista del pueblo chino en 1925-1927. Figuran entre esos trabajos: “Problemas de la revolución china”, “Entrevista con los estudiantes de la Universidad Sun Yat-sen” y “La revolución en China y las tareas de la Internacional Comunista”.

En el tomo se publican por primera vez las cartas de J. V. Stalin a Xenofóntov, a Záitsev, a Shinkévich, a Chugunov, a Tsvetkov y Alípov y a Pokrovski,

Instituto Marx, Engels, Lenin, anejo al C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S.

 

 

VII PLENO AMPLIADO DEL C.C. DE LA I.C.[1]

22 de noviembre – 16 de diciembre de 1926.

 

UNA VEZ MÁS SOBRE LA DESVIACIÓN SOCIALDEMÓCRATA EN NUESTRO PARTIDO.

Informe del 7 de diciembre.

 

I. Observaciones previas.

Camaradas: Antes de pasar al fondo de la cuestión, permitidme que haga algunas observaciones previas.

1. Contradicciones del desarrollo interno del Partido.

La primera cuestión se refiere a la lucha dentro de nuestro Partido, lucha que no empezó ayer y que no cesa.

Si se toma la historia de nuestro Partido desde 1903, en que nació como grupo de los bolcheviques, y se siguen sus etapas posteriores, hasta nuestros días, puede decirse sin exageración que la historia de nuestro Partido es la historia de la lucha de las contradicciones en su seno, la historia de la superación de esas contradicciones y del fortalecimiento gradual de nuestro Partido sobre la base de la superación de esas contradicciones. Podría creerse que los rusos son demasiado pendencieros, que les gusta discutir, que engendran discrepancias y que, por eso, su Partido se desarrolla superando las contradicciones internas. Eso no es cierto, camaradas. No se trata de que seamos pendencieros. Se trata de la existencia de discrepancias de principio que surgen en el curso del desarrollo del Partido, en el curso de la lucha de clase del proletariado. Se trata de que las contradicciones, sólo pueden ser superadas mediante la lucha por unos u otros principios, por unos u otros objetivos de la lucha, por unos u otros métodos de la lucha que conduce a un determinado objetivo. Se puede y se debe llegar a toda clase de acuerdos con los que piensan de otro modo dentro del Partido, cuando se trata de cuestiones de la política diaria, de cuestiones de carácter puramente práctico. Pero si esas cuestiones van ligadas a discrepancias de principio, ningún acuerdo, ninguna línea “intermedia” puede salvar la situación. No hay ni puede haber línea “intermedia” en las cuestiones de principio. El trabajo del Partido debe basarse en unos principios o en otros. La línea “intermedia” en cuestiones de principio es la “línea” de la confusión, la “línea” de velar las discrepancias, la “línea” de la degeneración ideológica del Partido, la “línea” de la muerte ideológica del Partido.

¿Cómo viven y se desarrollan hoy día los partidos socialdemócratas del Occidente? ¿Hay dentro de ellos contradicciones, discrepancias de principio? Claro que sí. ¿Sacan a la superficie esas contradicciones y tratan de superadas honrada y abiertamente, a la vista de las masas del partido? No. ¡Claro que no! La labor práctica de la socialdemocracia consiste en esconder, en ocultar esas contradicciones y discrepancias. La labor práctica de la socialdemocracia consiste en hacer de sus conferencias y congresos una vacía mascarada de bonanza de relumbrón, encubriendo y velando celosamente las discrepancias internas. Pero eso no puede llevar más que a la confusión y al empobrecimiento ideológico del partido. Esa es una de las causas de la caída de la socialdemocracia europea occidental, en tiempos revolucionaria y ahora reformista.

Pero nosotros no podemos vivir ni desarrollarnos así, camaradas. La política de la línea “intermedia”, cuando se trata de principios, no es nuestra política. La política de la línea “intermedia”, cuando se trata de principios, es la política de los partidos en decadencia y degeneración. Esa política no puede por menos de convertir el partido en un huero aparato burocrático, que da vueltas como una rueda loca y se encuentra divorciado de las masas obreras. Ese camino no es el nuestro.

Todo el pasado de nuestro Partido refrenda la afirmación de que su historia es la historia de la superación de las contradicciones en su seno y del fortalecimiento constante de sus filas sobre la base de esa superación.

Tomemos el primer período, el período de la “Iskra”, o el del II Congreso de nuestro Partido, cuando por primera vez aparecieron dentro de él discrepancias entre bolcheviques y mencheviques y cuando las altas esferas de nuestro Partido se dividieron, en fin de cuentas, en dos partes: la parte bolchevique (Lenin) y la parte menchevique (Plejánov, Axelrod, Mártov, Zasúlich y Potrésov). Lenin estaba entonces solo. ¡Si supieseis la de gritos y alaridos que entonces se levantaron en torno a los “insustituibles”, que se habían alejado de Lenin!

Pero la experiencia de la lucha y la historia del Partido mostraron que esa divergencia tenía una base de principios, que esa divergencia era una etapa necesaria para el nacimiento y el desarrollo de un partido verdaderamente revolucionario y verdaderamente marxista. La experiencia de la lucha mostró entonces, en primer lugar, que lo importante no era la cantidad, sino la calidad, y, en segundo lugar, que lo que hacía falta no era una unidad formal, sino que la unidad tuviese una base de principios. La historia mostró que Lenin tenía razón y que los “insustituibles” no la tenían. La historia mostró que, si no se hubieran superado esas contradicciones entre Lenin y los “insustituibles”, no tendríamos un verdadero partido revolucionario.

Tomemos el período siguiente, el período de vísperas de la revolución de 1905, cuando los bolcheviques y los mencheviques seguían enfrentados todavía en el seno de un mismo partido, formando dos campos con dos plataformas completamente distintas; cuando los bolcheviques pisaban el umbral de la escisión formal del Partido y cuando, para defender la línea de nuestra revolución, se vieron obligados a convocar un congreso aparte (el III Congreso). ¿Por qué venció entonces el sector bolchevique del Partido?, ¿por qué se ganó las simpatías de la mayoría del Partido? Porque no veló las discrepancias de principio y luchó para superarlas aislando a los mencheviques.

Podría referirme también a la tercera fase del desarrollo de nuestro Partido, al período que siguió a la derrota de la revolución de 1905, al período de 1907, cuando una parte de los bolcheviques, los llamados “otsovistas”, encabezados por Bogdánov, se apartaron del bolchevismo. Fue ése un período crítico en la vida de nuestro Partido. Fue un período en que bastantes bolcheviques de la vieja guardia abandonaron a Lenin y su Partido. Los mencheviques voceaban entonces la muerte de los bolcheviques. Sin embargo, el bolchevismo no murió, y la experiencia de la lucha demostró, en cosa de año y medio, que Lenin y su Partido tenían razón al luchar por la superación de las contradicciones dentro de las filas del bolchevismo. Esas contradicciones no fueron superadas velándolas, sino poniéndolas de relieve y luchando para bien y provecho de nuestro Partido.

Podría referirme asimismo al cuarto período de la historia de nuestro Partido, al período de 1911-1912, cuando los bolcheviques reconstruyeron el Partido, casi destrozado por la reacción zarista, y expulsaron a los liquidadores. Y en ese período, como en los preceden, los bolcheviques reconstruyeron y consolidaron el Partido, no velando las discrepancias de principio con los liquidadores, sino poniéndolas de relieve y superándolas.

Podría señalar, después, la quinta fase del desarrollo de nuestro Partido, el período anterior a la Revolución de Octubre de 1917, cuando una parte de los bolcheviques, encabezada por ciertos líderes del Partido, vaciló y no quiso ir a la insurrección de Octubre, considerándola una aventura. Es sabido que los bolcheviques superaron también esa contradicción, no velando las discrepancias, sino en lucha abierta por la Revolución de Octubre. La experiencia de la lucha mostró que de no haber superado esas discrepancias hubiéramos podido colocar la Revolución de Octubre en una situación crítica.

Podría citar, en fin, los períodos siguientes del desarrollo de nuestra lucha en el seno del Partido, el período de la paz de Brest-Litoysk, el período de 1921 (discusión sobre los sindicatos) y los otros períodos, que vosotros conocéis y acerca de los cuales no voy a extenderme aquí. Es sabido que en todos esos períodos, lo mismo que en el pasado, nuestro Partido creció y se robusteció superando las contradicciones internas.

¿Qué resulta de todo esto?

Resulta que el P.C.(b) de la U.R.S.S. ha crecido y se ha vigorizado superando las contradicciones internas.

Resulta que la superación de las contradicciones internas mediante la lucha es ley del desarrollo de nuestro Partido.

Podrá objetarse que se trata de una ley válida para el P.C.(b) de la U.R.S.S., pero no para los demás Partidos proletarios. Eso no es cierto. Se trata de una ley del desarrollo de todos los partidos más o menos grandes, lo mismo si se trata del Partido proletario de la U.R.S.S. que de los Partidos proletarios del Occidente. Si en un partido pequeño de un país pequeño se puede de una manera u otra velar las discrepancias, tapándolas con la autoridad de una o varias personas, en un partido grande de un país grande es inevitable que el partido se desarrolle, crezca y se vigorice superando las contradicciones. Así fue en el pasado. Así es en el presente.

Yo desearía remitirme a la autoridad de Engels, quien dirigió con Marx, durante varios decenios, los Partidos proletarios del Occidente. Me refiero a la década del ochenta del pasado siglo, cuando en Alemania imperaba la ley de excepción contra los socialistas[2], Marx y Engels se encontraban emigrados en Londres y “Der Sozialdemokrat”[3], órgano clandestino de la socialdemocracia alemana, editado en el extranjero, dirigía de hecho la labor de este partido. Bernstein era entonces marxista revolucionario (aun no se había pasado a los reformistas), y Engels mantenía con él animada correspondencia acerca de las cuestiones más candentes en la política de la socialdemocracia alemana. Por aquel entonces (en 1882), Engels escribió a Bernstein:

 “Al parecer, todo partido obrero de un país grande sólo puede desarrollarse en lucha interna, en consonancia completa con las leyes del desarrollo dialéctico en general. El partido alemán ha llegado a ser lo que es a través de la lucha librada entre los eisenachianos y los lassalleanos, y la pelea misma desempeña aquí un papel importante. La unificación sólo fue posible cuando ya se había desgastado la banda de desclasados que Lassalle formó especialmente para que le sirviese de instrumento; y aun entonces los nuestros aceptaron con demasiada presteza la unificación. En Francia, esas gentes que han sacrificado, bien es verdad la teoría bakuninista, pero que continúan utilizando los medios de lucha bakunistas y, al mismo tiempo, quieren sacrificar el carácter de clase de movimiento a sus fines particulares, deberán también desgastarse antes de que vuelva a ser posible la unificación. Predicar en estas circunstancias la unificación sería una solemne estupidez. Los sermones de moral no curarán las enfermedades infantiles, que en las circunstancias actuales son inevitables” (v. “Archivo de C. Marx y F. Engels”, libro I, págs. 324-325[4]).

Y añade Engels (en 1885) en otro lugar:

“Las contradicciones nunca pueden ser veladas por mucho tiempo y se resuelven mediante la lucha” (v. lugar citado, pág. 371).

Así, ante todo, debe explicarse la existencia de contradicciones en el seno de nuestro Partido y el desarrollo de éste superando las contradicciones mediante la lucha.

 

2. Origen de las contradicciones dentro del Partido.

Pero ¿de dónde proceden esas contradicciones y discrepancias?, ¿cuál es su origen?

Creo que el origen de las contradicciones en el seno de los Partidos proletarios reside en dos circunstancias.

¿Qué circunstancias son ésas?

Me refiero, en primer lugar, a la presión de la burguesía y de la ideología burguesa sobre el proletariado y su Partido en el ambiente de la lucha de clases, presión a la que a menudo ceden las capas menos firmes del proletariado y, por tanto, las capas menos firmes del Partido proletario. No puede considerarse que el proletariado esté aislado por completo de la sociedad, que se encuentre al margen de la sociedad. El proletariado es una parte de la sociedad, está ligado por numerosos hilos a las diversas capas de la sociedad. Pero el Partido es una parte del proletariado. Por eso, tampoco puede verse libre del contacto y de la influencia de las diversas capas de la sociedad burguesa. La presión de la burguesía y de su ideología sobre el proletariado y su Partido se manifiesta en que las ideas, las costumbres, los hábitos y el estado de ánimo de los burgueses penetran a menudo en el proletariado y su Partido a través de ciertas capas del proletariado, ligadas de una u otra manera con la sociedad burguesa.

Me refiero, en segundo lugar, a la heterogeneidad de la clase obrera, a la existencia de diversas capas dentro de la clase obrera. A mi modo de ver, el proletariado, como clase, podría ser dividido en tres capas.

Una capa la compone la masa fundamental del proletariado, su núcleo, su parte permanente; es la masa de proletarios “puros”, que rompió hace ya mucho los lazos con la clase de los capitalistas. Esta capa del proletariado es el apoyo más seguro del marxismo.

La segunda capa la componen gentes salidas hace poco de clases no proletarias, de los campesinos, de las filas pequeñoburguesas, de los intelectuales. Esas gentes proceden de otras clases, hace poco que han pasado a formar parte del proletariado y llevan a la clase obrera sus hábitos, sus costumbres sus vacilaciones, sus titubeos. Esta capa ofrece el terreno más propicio para el surgimiento de grupos anarquistas, semianarquistas y “ultraizquierdistas” de toda índole.

Finalmente, la tercera capa la compone la aristocracia obrera, la elite de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con sus tendencias al compromiso con la burguesía, con su aspiración predominante a adaptarse a los poderosos del mundo, con su afán de “hacer carrera”. Esta capa ofrece el terreno más propicio para los reformistas y oportunistas declarados.

A pesar de su diferencia exterior, estas dos últimas capas de la clase obrera constituyen un medio más o menos común, que nutre al oportunismo en general: al oportunismo declarado, cuando predominan las tendencias de la aristocracia obrera, y al oportunismo encubierto con frases de “izquierda”, cuando predominan las tendencias de las capas semipequeñoburguesas de la clase obrera, que no han roto aún por completo con el medio pequeñoburgués. El hecho de que las tendencias “ultraizquierdistas” coincidan muy a menudo con las tendencias del oportunismo declarado no tiene nada de asombroso. Lenin dijo en repetidas ocasiones que la oposición “ultra izquierdista” es el reverso de la oposición derechista, menchevique, declaradamente oportunista. Y eso es muy cierto. Si el “ultra izquierdista” defiende la revolución sólo porque espera mañana mismo su triunfo, está claro que deberá caer en la desesperación y desilusionarse de la revolución si ésta se retrasa, si no triunfa mañana mismo.

Es lógico que a cada viraje en el desarrollo de la lucha de clases, a cada agudización de la lucha y aumento de las dificultades, la diferencia de opiniones, de hábitos y de estado de ánimo de las distintas capas del proletariado se deje sentir forzosamente en forma de determinadas discrepancias en el Partido; y la presión de la burguesía y su ideología debe acentuar necesariamente esas discrepancias, dándoles salida en forma de lucha dentro del Partido proletario.

Tal es el origen de las contradicciones y las discrepancias en el seno del Partido.

¿Es posible evitar esas contradicciones y discrepancias? No, no lo es. Suponer que puedan ser evitadas significaría engañarse a sí mismo. Engels tenía razón al decir que es imposible velar durante mucho tiempo las contradicciones en el seno del Partido, que esas contradicciones se resuelven mediante la lucha.

Eso no significa que el Partido deba convertirse en un club de debates. Al contrario. El Partido proletario es y debe seguir siendo la organización combativa del proletariado. Únicamente quiero decir que es imposible desentenderse de las discrepancias dentro del Partido y cerrar los ojos a ellas si son discrepancias de principio. Únicamente quiero decir que sólo mediante la lucha por una línea basada en los principios marxistas se podrá salvaguardar al Partido proletario de la presión y la influencia de la burguesía. Únicamente quiero decir que sólo superando sus contradicciones internas es posible sanear y fortalecer el Partido..................

 

 

 

 

[1] El VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista se celebró en Moscú del 22 de noviembre al 16 de diciembre de 1926. El Pleno discutió los siguientes informes: la situación internacional y las tareas de la Internacional Comunista; las cuestiones china e inglesa; la trustificación, la racionalización y las tareas de los comunistas en los sindicatos; las cuestiones internas del P.C.(b) de la U.R.S.S.; las cuestiones alemana y holandesa. El Pleno examinó también el asunto de Maslow-Ruth Fischer, el de Brandler y Thalheimer y el de Souvarine. En el Pleno se constituyeron, entre otras, las comisiones políticas, china, inglesa y alemana, J. V. Stalin fue elegido miembro de las comisiones política, china y alemana del Pleno. Después de discutir el informe de J. V. Stalin “Las cuestiones internas del P.C.(b) de la U.R.S.S.”, el Pleno estigmatizó al bloque trotskista-zinovievista de oposición en el P.C.(b) de la U.R.S.S., calificándolo de bloque de escisionistas que se habían deslizado en su plataforma a posiciones mencheviques. El Pleno impuso a las secciones de la I.C. la obligación de desplegar una lucha decidida contra todos los intentos de la oposición en el P.C.(b) de la U.R.S.S., y de sus adeptos en otros Partidos Comunistas para romper la unidad ideológica y orgánica de las filas de la I.C. y del Partido leninista, dirigente del primer Estado proletario del mundo. El Pleno aprobó la resolución de la XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S. “Sobre el bloque de oposición en el P.C.(b) de la U.R.S.S.” y acordó añadirla, como resolución del Pleno, a las decisiones del mismo. El informe de J. V. Stalin “Las cuestiones internas del P.C.(b) de la U.R.S.S.” y el resumen de la discusión fueron publicados en diciembre de 1926, en folleto aparte, con el título: “Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro Partido”.

[2] La ley de excepción contra los socialistas fue decretada en Alemania, en 1878, por el gobierno Bismarck. Dicha ley prohibía todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera. En virtud de la ley de excepción, se confiscaba la literatura socialista, y los socialdemócratas eran objeto de represiones. El Partido Socialdemócrata Alemán se vio obligado a pasar a la clandestinidad. Bajo la presión del movimiento obrero de masas, la ley fue abolida en 1890.

[3] “Der Sozialdemokrat” (“El Socialdemócrata”): periódico clandestino, órgano de la socialdemocracia alemana; se publicó desde septiembre de 1879 hasta septiembre de 1890, primero en Zúrich (Suiza) y a partir de octubre de 1888 en Londres.

[4] Véase la carta de F. Engels a Eduardo Bernstein del 20 de octubre de 1882.

 

 

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