Somos hij@s de un parto cósmico en el que del caos originario surgió el universo actual. Evolucionando de las formas simples a otras más complejas, 15.000 millones de años de existencia del universo y 4.000 millones de años de existencia de la vida, han creado la humanidad actual o la “materia que tiene conciencia de sí misma.. Así, nosotr@s los humanos, aparecemos como el producto mas organizado y elaborado  de la evolución de la materia.; y tenemos progresivamente el conocimiento, poder y capacidad para orientar la evolución  de nuestro planeta y del universo que lo rodea.  Tenemos también la capacidad creciente  para devolverlo todo a la nada originaria.

 

Las bases de nuestra civilización occidental

 

. El retorno de Ulises a Itaca refleja en la literatura griega  el comienzo de una era nueva. La economía de la reproducción asentada en la agricultura  de las tierras fluviales del Tigris, Eufrates, Nilo, Oxus,Jaxartes, Don, Denieper, etc.; y la aparición a  través de los grandes rebaños de la reproducción de la ganadería, son las bases materiales de la génesis de nuestra civilización occidental. Determinadas circunstancias históricas provocaron el progresivo desarrollo de la propiedad privada contra la propiedad comunitaria y el progresivo sometimiento de la mujer a través de la imposición de esa propiedad privada en las relaciones de género, dando curso al nacimiento de la monogamia. Asistimos así a  la destrucción del derecho materno a la herencia y su sustitución por el derecho paterno que asegura la transmisión de ésta a sus hij@s biológicos, y a la aparición del principio de jerarquia, autoridad y de dominación como base del comportamiento entre los individuos y comunidades humanas. Surge de ésta manera ,sobre la consolidación de las relaciones esclavistas un mundo nuevo que se revela contra la naturaleza, implanta la sociedad de clases, la propiedad privada y el patriarcado e inmola todo lo existente en aras a la nueva diosa “productividad” Estos son los auténticos peldaños que cimentan nuestra civilización occidental.. La revolución de Zeus en el cielo del mundo griego y el antiguo testamento de la religión judeo-cristiana  reflejan con claridad meridiana el nuevo orden de dominación asentado en el imperio de la jerarquía, la autoridad, la sumisión, la propiedad privada y la familia monogámica. Las diosas antiguas  son vencidas en las nuevas religiones por los nuevo dioses que representan la autoridad suprema.

La nueva civilización occidental adquiere toda su expresión política e ideológica en el proceso de conquista y exterminio de los pueblos indoeuropeos sobre la civilización de la antigua Europa. En efecto, durante más de 30.000 años (entre el 35.000 y el 1000 de nuestra era) esta antigua Europa configura un nuevo estilo de civilización que genera una sociedad matrifocal, integrada en la naturaleza y armonizada con ella. La existencia del excedente económico y el desarrollo de formas cada vez más complejas de urbanización son aquí compatibles con el predominio de la propiedad y de la ley de la comunidad.  El mito de la Atlántida y del paraíso terrenal recogen también el lejano recuerdo de la existencia anterior de una sociedad organizada en torno al mantenimiento de la vida y el desarrollo de la colectividad.  Troya, las Cíclades, y la civilización minoica representan a su vez los vestigios más elaborados de una Europa que 1000 años antes de nuestra era pervive todavía con los  etruscos, los pictos y los vascones y que es visible en la configuración y funcionamiento de los pueblos germanos y celtas. Y los  vestigios de esa antigua Europa  sobreviven hasta la época moderna en esa pequeña reserva minorizada  de los antiguos pueblos vascones  en lo que hoy denominamos Euskal Herria.

La invasión de los pueblos indoeuropeos sumerge una gran parte de la vieja Europa. A su vez,  Grecia y Roma vehiculizan sociedades esclavistas que aniquilan  la vida y biodiversidad de una parte considerable de la nueva Europa. La invasión de los pueblos germánicos y la desaparición del imperio romano de occidente, consolidarán un proceso de 1000 años de feudalismo en el que los reductos de comunidades campesinas asentadas en una economía de tierras comunitarias y propiedad familiar de la parcela, junto con una estructura de autoorganización comunitaria que impone su propia autoridad y justicia, serán los últimos espacios de vida y libertad de este período.

 

La guerra capitalista contra la biodiversidad

 

En abril de 1492 la reina Isabel y el rey Fernando concedían a Cristóbal Colón derechos de propiedad  y conquista sobre las tierras recién descubiertas. Asentadas así las bases jurídicas  que expropiaban de todo derecho a los pueblos del continente americano, el papa Alejandro VI, interpretando la voluntad divina, promulgaba una “bula de donación” mediante la que otorgaba a los reyes católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, todas las islas y territorios descubiertos o por descubrir a 100 leguas hacia el oeste y hacia el sur de las Azores. En 1494, la jurisprudencia canónica  reajustaba  esta voluntad divina en el Tratado de Tordesillas repartiendo el papa entre portugueses y españoles un nuevo mundo apenas descubierto. En 1529 acuerdan a su vez una línea de demarcación entre España y Portugal en el lejano oriente.

Estamos en la primera globalización  del capitalismo, asentada en  la lógica del imperialismo del capital comercial. La hegemonía ibérica contestada posteriormente por Inglaterra, Holanda y Francia niega toda dignidad e identidad propia a los pueblos de las tierras descubiertas. El genocidio sistemático de las poblaciones autóctonas en el continente americano va parejo con el trabajo forzado en las minas y en la encomienda y con la  infame esclavitud aplicada a las juventudes del África Sub-Sahariana. Sobre la muerte de miles de pueblos y sobre millones  de cadáveres, Europa civilizaba las nuevas tierras integrando los salvajes en la cristiandad. Sobre la gran destrucción se imponen las lenguas, culturas, valores, etnotipo, etc. del mundo europeo dominador. Los pueblos del Tercer Mundo se identificaban aquí con la naturaleza que debe ser conquistada y sometida. Toda reivindicación de los derechos  de los “otros” se convierte en un robo  a la propiedad y derecho de los conquistadores. Pueblos, culturas, personas,  tierras, bosques, ríos, biodiversidad y trabajo son propiedad del capital comercial y de los nuevos conquistadores. El hecho de ser diverso, profesando una cultura, una lengua o una religión diferente era suficiente para la pérdida de todo derecho o pertenencia..

Los estados nacionales construidos en Europa y América en el siglo XIX a imitación de las modernas naciones creadas por las burguesías francesa y americana, destruyen las comunidades autóctonas y provocan verdaderas limpiezas étnicas al objeto de homogeneizar el territorio. Estamos en la II globalización del capitalismo. El modelo: del proceso es el Estado-lengua-nación, en el que la burguesía directora del proceso utiliza la lengua y la cultura del grupo mayoritario o dominante de un territorio sobre el conjunto del nuevo territorio-mercado, exterminando las realidades socio-culturales diferenciadas. Los procesos de industrialización y consiguiente urbanización hieren a su vez de manera creciente a los recursos no renovables y contaminan los recursos renovables,  desequilibrando el conjunto del ecosistema. La intervención de la lógica de la dominación del primer capital financiero en los territorios de ultramar mercantiliza las relaciones humanas, de manera que los mecanismos coercitivos de dominación propios de la época anterior son progresivamente sustituidos por los mecanismos de dominación económica de este período. Los flujos de monocultivo y monoproducción propios de una economía monetaria que exporta materias primas e importa productos manufacturados disuelve a la vez las comunidades campesinas autóctonas y la biodiversidad natural.

Tras la Primera Guerra Mundial, y más precisamente en la época posterior a la II Guerra Mundial, asistimos a la aparición de una III globalización, con organismos internacionales como el FMI, El Banco Mundial y el GAT, que insertan el conjunto de las economías en una economía mundo bajo hegemonía norteamericana; acelerando la mercantilización en cuasi todos los sectores y actividades económicas. El sometimiento de los pueblos y la destrucción de la biodiversidad se realiza aquí bajo la lógica de la dominación del capitalismo financiero de la segundo época. Asistimos en esta época a la mundialización del estado-nación occidental,  aniquilando  realidades multinacionales  camufladas con el nombre de étnias y tribus por la psico-lingüística racista y a la generalización de la democracia representativa occidental, que diluye a su vez las realidades comunitarias y los poderes propios existentes en estas latitudes.

 

Globalización y biodiversidad

 

La IV Globalización del capitalismo hace referencia a la globalización actual. En sus 500 años de existencia  el capitalismo ha estado globalizado siempre y ha reflejado, en cada fase de acumulación, una globalización que no ha sido solo económica sino también social, política, militar, cultural, lingüística, ecológica y ética. Cada fase de globalización capitalista representa una época de opresión y exterminio atroz, que incluye sus elementos de legitimación. Esta globalización no es homogénea, e incide irregularmente en  los diferentes países, áreas y continentes. Cuasi excluye zonas enteras, pero refleja hegemonías concretas y bases de acumulación que inciden, directa o indirectamente, sobre el conjunto de las sociedades del planeta.

El paso de una economía basada en los Estados-Nación a otra marcada por la hegemonía de la economía mundial, que se manifiesta a través de la evolución multipolar de la economía mundial en, al menos tres grandes polos económico-político-militares de dominación (el proceso de construcción europea dirigida por Alemania, el proceso de integración americano dirigido por Estados Unidos y el proceso integratorio asiático dirigido por Japón) que se redistribuyen la hegemonía económica y político-militar mundial; la aplicación en la producción y en la comunicación de las nuevas tecnologías derivadas de la revolución de la microelectrónica; la introducción e implementación progresiva de las nuevas tecnologías derivadas de la revolución biotecnológica(que combina la informática y la microbiología); la generalización de los procesos de fusión, concentración e internacionalización empresarial y la autonomización de la economía financiera respecto a la economía real englobando y dominando el conjunto de la economía mundial, configuran las nuevas bases de la acumulación de la actual globalización. La nueva globalización agudiza la guerra contra la biodiversidad. Recogeremos aquí algunos elementos significativos a este respecto.

  • La mundialización de la población asalariada, llevando la mercantilización de las relaciones laborales hasta los últimos confines del planeta. Esta mercantilización de las relaciones laborales en el mundo industrializado es cuasi total, convirtiendo en realidades marginales la producción familiar, campesina y urbana. La construcción de la identidad obrera a través del movimiento sindical y las luchas de clase proletarias es una alternativa de sociabilidad y esperanza ante la nueva realidad. No obstante, cuando ésta decae,la atomización e individualización derivada de éste proceso está en la base de la pérdida de solidaridad, aislamiento, incomunicación y sentimiento de desamparo que sufren las personas en las sociedades occidentales; convirtiendo a los derechos de ciudadanía y a la esfera social del estado-nación en “la tabla de salvación” ante las dificultades y problemas de la existencia A su vez, este mismo estado nación , que protege sus súbditos de manera paternalista, y que no otorga la correspondiente cohesión, niega también la identidad del diferente, del “otro”, y con ello los derechos económicos, sociales, políticos, culturales, ecológicos, ect, derivados del reconocimiento de esa realidad diferenciada.

La mercantilización de las relaciones laborales y la extensión de la población asalariada afecta también a las sociedades del Tercer Mundo, disolviendo en su quehacer una gran parte de “las comunidades” existentes en esas latitudes. Una considerable porción de los enormes flujos migratorios derivados de este proceso no encuentra oportunidades de convertirse en población asalariada,  conformando las grandes bolsas de exclusión  que observamos en las periferias de cuasi todas las grandes ciudades del Tercer Mundo. Carentes de recursos, aculturizados, rota su identidad, despreciados por el mundo dominador, estas masas excluidas conforman “la economía de malvivencia” u “economía sumergida”, destinada no a la acumulación sino a la subsistencia, que conforman muchas veces el 60, el 70 u el 80% de la población de estas grandes urbes.

 

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