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Introducción

 

Vivimos en un mundo muy diferente al de 50 años atrás. Un mundo caracterizado por la derrota del socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética, y la transformación de los Estados Unidos en la primera potencia militar mundial sin contrapeso alguno, situación que ha golpeado profundamente a la izquierda y a las fuerzas progresistas. Un mundo marcado por los avances de la revolución científico-técnica y sus consecuencias en el proceso productivo y en la naturaleza; la globalización de la economía y de la cultura; y el peso cada vez más preponderante de los medios de comunicación masiva. Un universo en que el capitalismo bajo su forma más salvaje, el neoliberalismo, utilizando a su favor los avances tecnológicos, causa estragos en gran parte de la población mundial y destruye despiadadamente la naturaleza generando no sólo basura no reciclable por la ecología, sino también desechos humanos difíciles de reciclar socialmente al empujar a grupos sociales y naciones enteras al desamparo colectivo.[1]

Un creciente malestar ha empezado, sin embargo, a surgir en amplios sectores sociales. Esa incomodidad se ha ido transformando primero en resistencia pasiva y luego en resistencia activa y, en los últimos años —y a pesar de la estrategia de fragmentación social aplicada por el neoliberalismo para tratar de hacerla inocua— ha comenzado a expresarse abiertamente en movilizaciones y acciones en contra del actual sistema global provocando la apertura de un nuevo ciclo internacional de luchas.

Se abren nuevos horizontes, pero son enormes los desafíos que se nos plantean. Y no estamos en las mejores condiciones para enfrentarlos. Necesitamos urgentemente reconstruir la izquierda. Para ello debemos partir reconociendo crudamente las debilidades, errores y desviaciones que pesan sobre nuestro pasado y debemos procurar conocer sus causas, porque sólo así podremos superarlos. Este libro pretende contribuir en este sentido.

Una de las cuestiones centrales que en él abordo es la crítica a la concepción de la política como el arte de lo posible, que nos conduce a adaptarnos oportunistamente a lo que existe. Sostengo que para los revolucionarios la política es el arte de hacer posible lo imposible, no por un afán voluntarista de cambiar las cosas, sino porque nuestro esfuerzo debe estar enfocado muy realistamente a cambiar la actual correlación de fuerzas para hacer posible mañana lo que aparece hoy como imposible.

Otra asunto capital son las reflexiones acerca de cómo tendría que ser el instrumento político para que nos permita responder a los nuevos desafíos que nos plantea el mundo del Siglo XXI. Una herramienta que nos permita construir la fuerza social y política que hagan posible los cambios sociales profundos por los que luchamos. Para conseguir este objetivo tenemos que superar las formas orgánicas del pasado, fruto de la copia acrítica del modelo bolchevique de partido, y abandonar la concepción teórica subyacente a ese modelo. Concepción ésta que no toma en cuenta una de las ideas centrales de Marx: la práctica social como la acción que permite que los hombres y las mujeres, al mismo tiempo que transforman las circunstancias que los rodean, se transformen a sí mismos, y con ello logren un desarrollo humano cada vez más pleno.

Criticar la forma orgánica de organización o de partido utilizada en el pasado no significa para mí, a diferencia de para otros analistas, negar la necesidad de contar con un instrumento político. Considero que éste es indispensable, porque la historia nos ha demostrado que la construcción de una fuerza social popular anticapitalista no se produce espontáneamente, requiere de un sujeto constructor capaz de orientar su acción en base a un análisis de la totalidad de la dinámica social y política; de un sujeto capaz de elabora la estrategia política que permita aglutinar a los más amplios sectores sociales y políticos contra la actual globalización neoliberal, no sólo en el plano nacional sino en el internacional; de un instrumento político que articule la acción de los múltiples y plurales sujetos respetando sus diferencias, y determine las tácticas más adecuadas para ir horadando el poder de las clases dominantes e ir avanzando hacia la construcción de una sociedad que se vaya alejando de la lógica individualista perversa del capital para ir implantando una lógica cada vez más humanista y solidaria. Una herramienta política que nos permita ir edificando el socialismo del Siglo XXI cuyo objetivo final es el más pleno desarrollo de los seres humanos.

Luego de abordar todas estas cuestiones, termino analizando el tema de la reforma y la revolución y señalo cómo estos conceptos se aplican al proceso revolucionario bolivariano, un proceso revolucionario sui géneris que ha obligado a la izquierda latinoamericana a repensar muchas cosas.

Este libro —que recoge reflexiones y secciones completas de varios trabajos míos publicados en español desde 1999 hasta mayo de 2006[2]— se inspira en gran medida en la propia práctica del movimiento revolucionario latinoamericano —que he estado sistematizando durante los últimos quince años a través de un trabajo de recuperación de la memoria histórica[3]— . Advierto que no he realizado un estudio exhaustivo de toda la bibliografía disponible, me he basado fundamentalmente en los libros que he tenido a mano. Si algún autor importante no figura entre los trabajos consultados esto no se debe a un descarte voluntario, sino únicamente a que no he podido estudiar con la debida seriedad su obra en esta fase de elaboración en la que me encuentro.

Se trata de un libro abierto. Son muchos los asuntos que habría deseado desarrollar con mayor profundidad y otros muchos los que ni siquiera he podido abordar. Espero que mis lectores comprendan las limitaciones de este trabajo y se sientan estimulados a ampliar, profundizar y a aportar nuevos puntos de vistas sobre los temas abordados, muchos de los cuales sé son muy polémicos. Si esto se logra, habré cumplido uno de los objetivos que me propuse.

Agradezco enormemente las valiosas sugerencias de Michael Lebowitz, mi compañero, con quien comparto tantos sueños y esperanzas. Agradezco su paciencia por soportarme en medio de las tensiones que se producen al tratar de compatibilizar el tiempo para la reflexión teóricas con las múltiples tareas que impone la práctica política concreta.

Agradezco muy especialmente al Presidente Chávez por haber sembrado nuevamente la esperanza en Nuestra América y en el mundo.

Espero que este libro contribuya con un granito de arena a la reconstrucción de la izquierda, aportando ideas que ayuden a impulsar una nueva cultura política en nuestras filas. Una cultura pluralista y tolerante, como ya dijera en otra ocasión. Que ponga por encima lo que la une y deje en segundo plano lo que la divide. Que promueva valores como: la solidaridad, el humanismo, el respeto a las diferencias, la defensa de la naturaleza. Que rechace el afán de lucro y las leyes del mercado como principios rectores de la actividad humana. Que comience a darse cuenta que la radicalidad no está en levantar las consignas más radicales ni en realizar las acciones más radicales —que sólo unos pocos siguen porque asustan a la mayoría—, sino en ser capaces de crear espacios de encuentro y de lucha para amplios sectores. Es en la lucha donde los seres humanos crecemos y nos transformamos. Constatar que somos muchos los que estamos en la misma lucha es lo que nos hace fuertes, es lo que nos radicaliza.

La política revolucionaria sólo puede concebirse como el arte de hacer posible lo imposible.

Marta Harnecker 28 mayo 2006

 

PARTE I : LA IZQUIERDA FRENTE AL MUNDO ACTUAL

 

1) Cambios profundos en el mundo

  1. Vivimos en un mundo muy diferente al de hace medio siglo atrás, los inicios de la revolución cubana, no sólo por la derrota del socialismo soviético—que ha significado para la izquierda un golpe extremadamente duro — sino por el efecto de otra serie de acontecimientos entre los cuales cabría destacar: los avances de una nueva revolución científico-técnica y sus efectos en el proceso productivo y en la naturaleza; el papel cada vez más preponderante que han adquirido los medios de comunicación masiva la imposición del neoliberalismo como sistema hegemónico; y el papel que juega la deuda externa en la subordinación de las economías del Tercer Mundo a los intereses de las grandes potencias.
  2. La máquina-herramienta que dinamizó el desarrollo de la civilización industrial, está siendo reemplazada en forma acelerada por máquinas herramientas de control numérico[4] y robots donde la computadora —que permite la recopilación, procesamiento y producción automatizada de datos y conocimientos — pasa a ser un instrumento de trabajo fundamental.
  3. Pero no se trata sólo de computadoras, la llamada revolución electrónico-informática, que se ha traducido en cambios fundamentales en las telecomunicaciones, la microbiología y otras áreas. La vida cotidiana en los países avanzados está invadida por equipos informáticos: las tarjetas de crédito, las tarjetas electrónicas que reemplazan a las llaves de los hoteles, los semáforos inteligentes, las puertas que se abren y cierran automáticamente y miles de cosas más.
  4. Las nuevas tecnologías facilitan una difusión de cada vez mayores volúmenes de datos y aumentan y abaratan enormemente la potencia de cálculo, lo que a su vez hace que los conocimientos científicos avancen con una gran velocidad.
  5. Un ejemplo de los adelantos del conocimiento son los avances espectaculares de la biotecnología e ingeniería genética.
  6. El poder emplear la información genética para crear organismos “nuevos” y colocar las fuerzas que guían el metabolismo de la vida al servicio de la producción de riquezas es un salto tecnológico de consecuencias inimaginables.[5]
  7. Según Jeremy Rifkin, estos avances científico-técnicos nos permiten vislumbrar un mundo en el que se podrían realizar cosechas agrícolas en laboratorios en forma masiva.[6] Por otra parte, el comercio, las finanzas, la recreación, la investigación, han sido profundamente conmocionados por las nuevas tecnologías.

1) UNIDAD EN TIEMPO REAL A ESCALA PLANETARIA

  1. El capital, hoy, no sólo se traslada a los lugares más alejados del mundo —como lo ha hecho ya desde el siglo XVI—, sino que es capaz de funcionar como una unidad en tiempo real a escala planetaria. Cantidades fabulosas de dinero —miles de millones de dólares— se transan en segundos en los circuitos electrónicos que unen al mundo de las finanzas. Se trata de un fenómeno que sólo comienza a ser posible en las últimas décadas del siglo XX gracias a la nueva infraestructura proporcionada por las tecnologías de la información y la comunicación[7] y a las nuevas condiciones institucionales que hacen posible ese gran desplazamiento de capitales, al eliminarse las trabas implantadas luego de la Segunda Guerra Mundial.[8] Este fenómeno toma un impulso cada vez mayor con la desagregación del bloque soviético y los cambios económicos llevados adelante por esos países. El mundo puede funcionar en la actualidad cada vez más como una unidad operativa única, como un mercado global de capitales.

2) la internacionalización del proceso productivo

  1. Pero más allá del terreno de las finanzas, algo cualitativamente nuevo ha ocurrido también en el terreno de la producción: la internacionalización del propio proceso de producción, es decir, la fabricación de diferentes partes del producto final en diversos lugares geográficos.[9] Y esto mismo ha ocurrido en el área de muchos servicios. Este desplazamiento o relocalización del proceso productivo y de los servicios, ha determinado que muchos procesos se desplacen hacia los países que ofrecen más ventajas y esto por muchas razones, incluyendo la represión del Estado, determinando que los más intensivos en mano de obra se localicen en los países del sur donde se encuentra mano de obra más barata. Y esto, a su vez, ha provocado una gran difusión de las relaciones capitalistas de producción que desplazan a las relaciones pre-capitalistas allí donde se instala el capital transnacional.[10]

 

[1] Juan Antonio Blanco, El Tercer Milenio, una visión alternativa de la postmodernidad, La Habana, Cuba, Centro Félix Varela, 1995, p.117

[2]  Aquí nombro los más significativos: La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Siglo XXI, México y Siglo XXI de España. Traducido al francés, italiano y portugués; La izquierda después de Seattle, Siglo XXI de España 1a ed. 2002; Acerca del sujeto político capaz de responder a los desafíos del siglo XXI, Ponencia en la Conferencia Internacional “Karl Marx” y los Desafíos del Siglo XXI, La Habana 5 – 10 mayo 2003; On leftist Strategy, Science and Society, April 2005, Vol. 69, No 2; Venezuela, una revolución Sui Generis, Editorial Ministerio de Cultura, Caracas 2004. aicos.9 Segunda Guerra Mundial.8terialismo Histo

[3] Sin incluir las entrevistas realizadas cuando era directora del semanario político Chile HOY (1971-1973), he entrevistado a cuarenta figuras de la izquierda del máximo nivel y más de cien si incluyo a cuadros dirigentes del segundo nivel. Entre los primeros están: el presidente Hugo Chávez de Venezuela; el presidente de Bolivia, Evo Morales; el presidente de Brasil, Luis Inacio da Silva, el presidnete de Uruguay, Tabaré Vásquez; los cinco comandantes del FMLN de El Salvador y dos de los máximos dirigentes de Convergencia Democrática; los tres comandantes de la URNG de Guatemala; seis de los nueve comandantes de la Dirección Nacional del Frente Sandinista; cuatro de los cinco comandantes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar de Colombia, además de los presidentes de los frentes políticos Unión Patriótica y A Luchar; cinco alcaldes petistas; el Intendente de Montevideo del Frente Amplio de Uruguay; dos alcaldes de La Causa R de Venezuela y su secretario general; el alcalde del Municipio Libertador, Freddy Bernal; secretarios generales de partidos uruguayos y peruanos; y tres altos dirigentes cubanos; y varios dirigentes sindicales venezolanos.. También me han sido especialmente útiles los escritos de los siguientes compañeros: Enrique Rubio (1991; 1994) -dirigente de la Vertiente Artiguista y diputado nacional de Uruguay-, Clodomiro Almeyda (1991-1997) -dirigente socialista chileno, ex canciller de Salvador Allende; y Carlos Ruiz, sociólogo y profesor universitario chileno; y Franz Hinkelamert, economista y teólogo alemán.

[4] Uso de microcomputadoras en la unidad de control de la máquina. Descubierta en los años 50, se introduce en la producción en los 70 (Eduardo Viera, Fin de Siglo: la crisis estructural del capitalismo, Ed. Talleres Gráficos de Punto Sur, Montevideo, 1997, p.64).

[5] Carlota Pérez, Las nuevas tecnologías: una visión de conjunto, en La tercera revolución industrial (impactos internacionales del actual viraje tecnológico), Ed. RIAL, Buenos Aires, 1986, p.79.

[6] Jeremy Rifkin, El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era, Ed. Paidós, España, 1996. p.159.

[7] M. Castells, La era de la información: La sociedad red, Siglo XXI, México, 1999, vol.I, Alianza Editorial, Barcelona, 1997, p.120.

[8] Especialmente en Europa. Ver: François Chesnais, Notas para una caracterización del capitalismo a fines de siglo, artículo aparecido en la revista Carré Rouge, Paris, oct-dic1996.

[9] William I. Robinson, Un estudio de caso sobre el proceso de globalización en el Tercer Mundo: una agenda transnacional en Nicaragua, en revista Pensamiento Propio No 3, Managua, Nicaragua, enero-abril, 1997, p.200. Rafael. Agacino, La anatomía de la globalización y de la integración económica, Stgo. de Chile , 1997, mimeo, p.9. Ver también: Octavio Ianni, Capítulo 3: La internacionalización del capital, en Teorías de la globalización, Siglo XXI, México, 1996, pp.31-43.

[10] W. I. Robinson, Un estudio de caso..., op.cit. p.200. Digo “allí donde” porque puede ocurrir que se trate de verdaderos enclaves.

 

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