Ver el ORIGINAL en PDF

 

PROLOGO

 

Proudhon tiene la desgracia de ser singularmente incomprendido en Europa. En Francia se le reconoce el derecho de ser un mal economista, porque tiene fama de ser un buen filósofo alemán. En Alemania se le reconoce el derecho de ser un mal filósofo porque tiene fama de ser un economista francés de los más fuertes. En nuestra calidad de alemán y de economista a la vez, hemos querido protestar contra este doble error.[1]

El lector comprenderá que, en esta labor ingrata, hemos tenido que abandonar frecuentemente la crítica de Proudhon para dedicarnos a la crítica de la filosofía alemana, y hacer al mismo tiempo algunas observaciones sobre la economía política.

KARL MARX

Bruselas, 15 de junio de 1847

 

El libro de Proudhon no es simplemente un tratado de economía política ni un libro ordinario, es una Biblia. Nada falta en él: "Misterios", "Secretos arrancados al seno de Dios", "Revelaciones". Pero como en nuestro tiempo los profetas son discutidos con mayor rigor que los autores profanos, el lector tendrá que resignarse a pasar con nosotros por la erudición árida y tenebrosa del "Génesis" para elevarse más tarde con Proudhon a las regiones etéreas y fecundas del suprasocialismo.(Véase Proudhon, Philosophie de la misére, prólogo, p. III, línea 20 ted, 1923, t. I, p. 34).)

 

CAPÍTULO PRIMERO. UN DESCUBRIMIENTO CIENTÍFICO

 

1. OPOSICIÓN ENTRE EL VALOR DE USO Y EL VALOR DE CAMBIO

 

La capacidad de todos los productos, naturales e industriales, de servir a la subsistencia del hombre recibe la denominación particular de valor de uso; la capacidad que tienen de trocarse unos por otros se llama valor de cambio. ¿Como se convierte el valor de uso en valor de cambio?... La generación de la idea del valor [de cambio] no ha sido esclarecido por los economistas con el debido esmero; por eso es necesario que nos detengamos en este punto. Como muchos de los objetos que necesito se encuentran en la naturaleza en cantidad limitada o ni siquiera existen, me veo forzado a contribuir a la producción de lo que me falta, y como yo no puedo producir tantas cosas, propondré a otros hombres, colaboradores míos en funciones diversas, que me cedan una parte de sus productos a cambio del mío (Proudhon, Systeme des contradictions, ou Philosophie de la misére (1846), t. 1, cap. u [ed. 1923, t. I, pp. 91 y 92]. [ii]

Proudhon se propone explicarnos ante todo la doble naturaleza del valor, "la distinción dentro del valor", el proceso que convierte el valor de uso en valor de cambio. Tenemos que detenernos con Proudhon en este acto de transustanciación. He aquí cómo se realiza este acto, según nuestro autor.

Hay un gran número de productos que no se encuentran en la naturaleza, son obra de la industria. Puesto que las necesidades rebasan la producción espontánea de la naturaleza, el hombre se ve precisado a recurrir a la producción industrial. ¿Qué es esta industria, según la suposición de Proudhon? ¿Cuál es su origen? Un hombre solo que necesite gran número de objetos "no puede producir tantas cosas". Muchas necesidades que satisfacer suponen muchas cosas que producir: sin, producción no hay productos; y muchas cosas que producir suponen la participación de más de, un hombre en su producción. Ahora bien, en cuanto se admite que en la producción participa más de un hombre, se admite ya toda una producción basada en la división del trabajo. De este modo, la necesidad, tal como la concibe Proudhon, supone a su vez toda la división del trabajo. Al admitir la división del trabajo, se admite también el intercambio y, en consecuencia, el valor de cambio. Con el mismo derecho se habría podido suponer desde un principio el valor de cambio.

Mas Proudhon ha preferido darle la vuelta. Sigámosle en todos sus rodeos, que siempre nos habrán de conducir a su punto de partida.

Para salir del estado de cosas en que cada uno produce aislado de los demás, y para llegar al intercambio, "recurro —dice Proudhon— a mis colaboradores en funciones diversas". Así, pues, tengo colaboradores, encargados de funciones diversas, sin que por eso yo y todos los demás, siempre según la suposición del señor Proudhon, dejemos de ser Robinsones aislados y desligados de la sociedad. Los colaboradores y las funciones diversas, la división del trabajo, y el intercambio que implica, surgen como caídos del cielo.

Resumamos: tengo necesidades fundadas en la división del trabajo y en el intercambio. Al suponer estas necesidades, Proudhon se encuentra con que supone,el intercambio y el valor de cambio, del cual se propone precisamente "esclarecer la generación con más esmero que los demás economistas".

Proudhon habría podido con el mismo derecho invertir el orden de las cosas, sin trastocar con ello la exactitud de sus conclusiones. Para explicar el valor de cambio, hace falta el intercambio. Para explicar el intercambio hace falta la división del trabajo. Para explicar la división del trabajo hacen falta necesidades que requieran la división del trabajo. Para explicar estas necesidades, es menester "suponerlas", lo que no significa negarlas, contrariamente al primer axioma del prólogo de Proudhon: "Suponer a Dios es negarlo" (Proudhon, loc. cit., prólogo, p. 1 [ed. 1923, t. I, pp. 33-34[iii] .

¿Cómo Proudhon, que supone conocida la división del trabajo, explica con ella el valor de cambio, que para él es siempre una incógnita? 

"Un hombre" se decide a "proponer a otros hombres, colaboradores suyos en funciones diversas", establecer el intercambio y hacer una distinción entre el valor de uso y el valor de cambio. Al aceptar esta distinción propuesta, los colaboradores sólo han dejado a Proudhon el "cuidado" de consignar el hecho, señalar, "anotar" en su tratado de economía política "la generación de la idea del valor". Pero lo que debe explicarnos es "la generación" de esta propuesta, decirnos, en suma, cómo este hombre solo, este Robinsón, tuvo de pronto la idea de hacer "a sus colaboradores" una proposición de género conocido y cómo estos colaboradores la aceptaron sin protesta alguna.

Proudhon no entra en estos detalles genealógicos. Simplemente estampa en el hecho del intercambio una especie de sello histórico al presentarlo como una propuesta, formulada por una tercera persona, que busca establecer el intercambio.

He aquí una muestra del "método histórico y descriptivo" de Proudhon, que profesa un desprecio soberbio por el "método histórico y descriptivo" de los Adam Smith y los Ricardo.

El intercambio tiene su historia. Ha atravesado diferentes fases.

Hubo un tiempo, como por ejemplo en la Edad Media, en que no se intercambiaba más que lo superfluo, el excedente de la producción sobre el consumo.

Hubo luego un tiempo en que no solamente lo superfluo sino todos los productos, toda la vida industrial pasaron a la esfera del comercio, un tiempo en que la producción entera dependía del intercambio. ¿Cómo explicar esta segunda fase del intercambio: el valor dinerario elevado a su segunda potencia?

Proudhon tendría una respuesta preparada: suponed que un hombre hubiera "propuesto a otros hombres, colaboradores suyos en funciones diversas", elevar el valor dinerario a su segunda potencia.

Por último llegó un momento en que todo lo que los hombres habían venido considerando como inalienable se hizo objeto de intercambio, de tráfico y podía enajenarse. Es el momento en que incluso las cosas que hasta entonces se transmitían pero nunca se intercambiaban, se donaban pero nunca se vendían, se adquirían pero nunca se compraban, tales como virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia, etc., todo, en suma, pasó a la esfera del comercio. Es el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o, para expresarnos en términos de economía política, el tiempo en que cada cosa, moral o física, convertida en valor dinerario, es llevada al mercado para ser apreciada en su más justo valor.[iv] 

¿Cómo explicar esta nueva y última fase del intercambio, es decir el valor dinerario elevado a su tercera potencia?

Proudhon tendría una respuesta preparada también para eso: suponed que una persona hubiera "propuesto a otras, colaboradoras suyas en funciones diversas", hacer de la virtud, del amor, etc., un valor dinerario, elevar el valor de cambio a su tercera y última potencia.

Como se ve, "el método histórico y descriptivo" de Proudhon es bueno para todo, responde a todo y lo explica todo. En particular, cuando se trata de explicar históricamente "la generación de una idea económica", Proudhon supone a un hombre que propone a otros hombres, colaboradores suyos en funciones diversas, llevar a término este acto de generación, y asunto concluido.

A partir de aquí aceptamos "la generación" del valor de cambio como un hecho consumado; ahora no nos resta sino exponer la relación entre el valor de cambio y el valor de uso. Oigamos a Proudhon:

Los economistas han puesto de relieve con gran claridad el doble carácter del valor; pero lo que no han esclarecido con la misma nitidez es su naturaleza contradictoria; aquí es donde comienza nuestra crítica [.. .] No basta haber señalado este asombroso contraste entre el valor de uso y el valor de cambio, contraste en el que los economistas están acostumbrados a no ver sino una cosa muy simple: es preciso mostrar que, esta pretendida simplicidad oculta un misterio profundo que tenemos el deber de desentrañar, [. . .] En términos técnicos, el valor de uso y el valor de cambio están en razón inversa el uno del otro. [Proudhon, loc. cit., ed. 1923, t. I, pp. 93 y 95).

Si hemos captado bien el pensamiento de Proudhon, he aquí los cuatro puntos que se propone establecer:

1° El valor de uso y el valor de cambio forman "un contraste asombroso", están en mutua oposición;

2° El valor de uso y el valor de cambio están en razón inversa el uno del otro, se contradicen entre sí;

3° Los economistas no han visto ni conocido la oposición ni la contradicción;

4° La crítica de Proudhon comienza por el final.

Nosotros también comenzaremos por el final, y para librar a los economistas de las acusaciones de Proudhon, dejaremos que hablen dos economistas bastante importantes.

Sismondi: El comercio ha reducido todas las cosas a la oposición entre el valor de uso y el valor de cambio, etc. (Sismondi, Études sur l économie politique, 1836, t. II, p. 162).

Lauderdale: En general, la riqueza nacional [el valor de uso] disminuye a medida que las fortunas individuales se acrecientan por el aumento del valor dinerario; y a medida que estas últimas se reducen por la disminución de ese valor, la riqueza nacional aumenta generalmente (Lauderdale, Recherches sur la nature et l origine de la richesse publique, trad. de Lagentie de Lavaisse, 1808, p. 33).

Sismondi ha fundado sobre la oposición entre el valor de uso y el valor de cambio su principal doctrina, según la cual la disminución del ingreso es proporcional al crecimiento de la producción.

Lauderdale ha fundado un sistema sobre la razón inversa de las dos clases de valor, y su doctrina era tan popular en los tiempos de Ricardo, que éste podía hablar de ella como de, una cosa generalmente conocida. "Confundiendo las ideas del valor dinerario y de las riquezas [valor de uso] se ha pretendido aseverar que es posible aumentar las riquezas disminuyendo la cantidad de cosas necesarias, útiles o agradables para la vida" (Ricardo, Des principes de l économie politique et de l impót, trad. de F.S. Constancio. Anotado por J.-B. Say, París, 2ª ed., 1835, t. II, p. 65).

Acabamos de ver que los economistas, antes de Proudhon, han "señalado" el misterio profundo de la oposición y de la contradicción. Veamos ahora cómo Proudhon explica a su vez este misterio después de los economistas.

Si la demanda permanece invariable, el valor de cambio de un producto baja a medida que la oferta crece; en otros términos: cuanto más abundante es un producto en relación con la demanda, más bajo es su valor de cambio o su precio.

Viceversa: cuanto más débil es la oferta en relación con la demanda, más sube el valor de cambio o el precio del producto ofrecido; en otros términos, cuanto más escasean los productos ofrecidos, con respecto a la demanda, más caros son. El valor de cambio de un producto depende de su abundancia o de su escasez, pero siempre con relación a la, demanda. Supongamos un producto, más que raro, único en su género: este producto único será más que abundante, será superfluo, si no encuentra demanda. Por el contrario, supongamos un producto multiplicado por millones, que será siempre raro si no basta para satisfacer la demanda, es decir, si es demasiado solicitado.

Estas son verdades, diríamos casi banales, pero que hemos tenido que reproducir aquí para hacer comprender los misterios de Proudhon.

Así, pues, siguiendo el principio hasta sus últimas consecuencias, se llegaría a la conclusión más lógica del mundo: las cosas cuyo uso es necesario y cuya cantidad es infinita, no deben valer nada; en cambio, las cosas cuya utilidad es nula y cuya escasez es extrema deben tener un precio inestimable. Para colmo de males, la práctica no admite estos extremos: por un lado, ningún producto humano puede aumentar jamás en cantidad hasta el infinito; por el otro, las cosas más raras deben ser útiles en un cierto grado, sin lo cual no tendrían ningún valor. El valor de uso y el valor de cambio están, pues, fatalmente encadenados el uno al otro, si bien por su naturaleza tienden de continuo a excluirse (Proudhon, loc. cit., t. I, p. 39 [ed. 1923, t. I, p. 96] ).

¿Cuál es el colmo de los males de Proudhon? Que ha olvidado simplemente la demanda, y que una cosa no puede ser escasa o abundante sino en tanto sea solicitada. Dejando de lado la demanda, identifica el valor de cambio con la escasez y el valor de uso con la abundancia. En efecto, diciendo que las cosas "cuya utilidad es nula y cuya escasez es extrema", tienen "un precio inestimable", afirma simplemente que el valor de cambio no es sino la escasez. "Escasez extrema y utilidad nula", es escasez pura. "Precio inestimable", es el máximo del valor de cambio, es el valor de cambio en estado puro. Entre estos dos términos coloca el signo de igualdad. Así, valor de cambio y escasez son dos términos equivalentes. Llegando a estas pretendidas_ "consecuencias extremas", Proudhon lleva hasta el extremo no las cosas, sino los términos que las expresan, dando así pruebas de tener más capacidad para la retórica que para la lógica. Vuelve a encontrar sus hipótesis primeras en toda su desnudez, cuando cree haber encontrado nuevas consecuencias. Gracias a este mismo procedimiento, consigue identificar el valor de uso con la abundancia pura.

Después de haber puesto en los dos términos de una ecuación el valor de cambio y la escasez, el valor de uso y la abundancia, Proudhon se asombra de no encontrar ni el valor de uso en la escasez y en el valor de cambio, ni el valor de cambio en la abundancia y en el valor de uso; y viendo que la práctica no admite estos extremos, lo único que le queda es creer en el misterio. Para él existe precio inestimable porque no hay compradores, y no los encontrará jamás mientras haga abstracción de la demanda.

Por otra parte, la abundancia de Proudhon parece ser una cosa espontánea. Olvida por completo que hay gentes que la producen y que están interesadas en no perder nunca de vista la demanda. Si no ¿cómo habría podido decir Proudhon que las cosas que son muy útiles deben tener un precio muy bajo o incluso no costar nada? Por el contrario, debería haber llegado a la conclusión de que hace falta restringir la abundancia, la producción de cosas muy útiles, si se quiere elevar su precio, su valor de cambio.

Los antiguos viñadores de Francia que solicitaban una ley que prohibiera la plantación de nuevas viñas; los holandeses que quemaban las especias de Asia y arrancaban los claveros de las islas Molucas, querían simplemente reducir la abundancia para elevar el valor de cambio. En el curso de toda la Edad Media se procedía de acuerdo con este mismo principio, al limitar por medio de leyes el número de compañeros que podía tener un maestro y el número de instrumentos que podía emplear (véase Anderson: Histoire du commerce).  [v]

Después de haber presentado la abundancia como el valor de uso y la escasez como el valor de cambio —nada más fácil que demostrar que la abundancia y la escasez están en razón inversa—, Proudhon identifica el valor de uso con la oferta y el valor de cambio con la demanda. Para hacer la antítesis aún más tajante, sustituye los términos poniendo "valor de opinión" en lugar de valor de cambio. De esta manera, la lucha cambia de terreno, y tenemos de un lado la utilidad (el valor de uso, la oferta) y de otro la opinión (el valor de cambio, la demanda).

 

 

[1] [1] Marx se dice aquí alemán y economista, pero más adelante escribirá que Proudhon "nos fuerza a recobrar nuestra condición de alemán a pesar nuestro" y que "los economistas son los representantes científicos de la, clase burguesa. Véase pp. 63 y 81.

[ii] [2] Esta cita se compone de tres pasajes procedentes de tres párrafos distintos. Es Marx quien subraya.

[iii] [3] De hecho, Proudhon escribió: "Suponer a Dios —se dirá— es negarlo." Y, más adelante, él mismo se explica: "Diré pues cómo, al estudiar en el silencio de mi corazón y lejos de toda consideración humana, el misterio de las revoluciones sociales, Dios, el gran Desconocido, se volvió para mí en una hipótesis, quiero decir en un instrumento dialéctico." En el transcurso del prólogo Proudhon observará todavía "cómo, en un libro de economía política", tuvo que partir de "la hipótesis fundamental de toda filosofía" y aludirá a sus Mémoires sobre la propiedad. En efecto, desde la Premier mémoire (1840) ya había abordado este problema a la manera de Ludwig Feuerbach: "La humanidad cree que Dios existe; pero ¿en qué cree al creer en Dios? En una palabra, ¿qué es Dios?" [ed. 1926, p. 141). Marx olvida, y volverá a olvidarlo, la admiración entusiasta de que había dado muestras, tres años antes, ante el, autor y su Premier mémoire sobre la propiedad, "manifiesto científico del proletariado francés" (cf. La sagrada familia, en Werke, vol. tl, p. 43). El 30 de octubre de 1846, Proudhon anotará en un cuaderno de apuntes: "La ciencia económica abroga la religión" (Carnets, ed. Riviére, vol. t, 1960, p. 366). Este aforismo expresa perfectamente el sentido de la "hipótesis" proudhoniana.

[iv] [4] Esta requisitoria contra el dinero se encuentra ya en La cuestión judía y en los manuscritos, parisienses (1844); volveremos a encontrarla incorporada al análisis teórico de El capital.

[v] [5] Proudhon no ha olvidado este aspecto del problema, ya que da varios ejemplos para ilustrar los efectos nefastos de la abundancia sobre los mercados (cf. Proudhon, op. cit., ed. 1923, t. I, pp. 97 ss).

Al fenómeno señalado por Marx —escasez artificial de productos con el fin de mantener los precios en el nivel deseado de rentabilidad— se le conoce con el nombre de "maltusianismo económico", particularmente en el dominio de la producción agrícola. Puede citarse como ejemplo a Estados Unidos. Se dice, en estudios considerados autorizados, que 120 millones de hectáreas de tierra arable y de pastos han sido destruidas (o no se ha hecho nada por salvarlas de la erosión): es decir, diez veces la superficie productiva del Reino Unido.

El título dado por Marx ("Historia del comercio") Parece apuntar a Ádam Anderson, autor de An historical and chronological deduction of the origin of commerce from the earliest accounts to the present time..., vols. Po, Londres, 1801. Por lo menos tal es la indicación de MEGA, vol. vi, p. 691 (registro de títulos). Pero ¿es esto exacto? Otro Anderson aparece en los cuadernos de estudio de Marx: James Anderson, autor de A calm investigation of the circumstances that have led to the present scarcity of grain in Britain. . ., Londres, 1801. Marx copió pasajes de esta obra durante su breve viaje a Manchester, en julio de 1845 (cf. MEGA;vol. ví, p. 601). Se cita y comenta a JameS Anderson en las Teorías sobre el plusvalor [ed. Dietz, vol. tí, p.p. 110-114). Marx pudo confundir a los dos Anderson, James y Adam. De este último no encontramos ningún rastro en los cuadernos de lectura, pero se le citará en El capital, libro lu, p. 426, con el mismo título, impreciso, que en las Teorías: History of commerce(1764). Cita de nuevo a James Anderson en la p. 797.

 

 

 

Ver el documento completo        Ver el ORIGINAL en PDF


Autores internacionales