SUMARIO

PARTE I

V. Selivánov. LAS ETAPAS DE LA EXPANSIÓN EN AMÉRICA LATINA
I. Kumarián. LAS AGRESIONES A MÉXICO
E. Larin. CUBA: OBJETO DE AGRESIÓN POR PARTE DE LOS EE.UU
  Cien años de intervencionismo
  Los EE.UU. y la revolución cubana
Nelli Poyárkova. PUERTO RICO: UNA COLONIA NORTEAMERICANA
V. Lunin. LOS EE.UU. Y EL CANAL DE PANAMÁ
N. Lutskov. VEINTE AÑOS DE OCUPACIÓN DE HAITÍ
Elena Anánova. DESEMBARCO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA
I. Grigulévich. NICARAGUA INDÓMITA
Marina Chumakova. GUATEMALA: EL DERROCAMIENTO DEL GOBIERNO DE ARBENZ
M. Górnov. LA CONSPIRACIÓN CONTRA CHILE
S. Semiónov. EL GENOCIDIO EN EL SALVADOR
A. Glinkin. LA ADMINISTRACIÓN REAGAN AGUDIZA EL RUMBO 

PARTE II

Yu. Poliakov. LA CRUZADA ANTISOVIÉTICA DE LOS IMPERIALISTAS
A. Lunin. UNA INTERVENCIÓN OLVIDADA
A. Petrov. LA GUERRA DE VIETNAM
V. Zhurkin. DESLIZÁNDOSE POR LA VERTIENTE (INTERVENCIONES NORTEAMERICANAS EN ASIA A COMIENZOS DE LOS AÑOS 70)
A. Kislov. LA POLÍTICA INTERVENCIONISTA EN EL PRÓXIMO ORIENTE

 

PREFACIO

 

A los estadistas estadounidenses les agrada representar el papel de pacificadores, moralizadores y guardianes de la justicia y el respeto en los asuntos internacionales; sin embargo, sus acciones se encuentran en flagrante contradicción con su verborrea. ¿Qué vale, por ejemplo, la afirmación del presidente de los EE.UU., R. Reagan, en la segunda sesión especial de la Asamblea General de la ONU sobre el desarme, de que los Estados Unidos nunca han sido agresores?

De prestar oídos a los representantes del establishment norteamericano, podría parecer que los Estados Unidos han sido la potencia más adicta a la paz en la historia de la humanidad, que jamás han agredido a nadie y que siempre han actuado en bien de los demás.

¿Cuál es el cuadro de la política estadounidense en realidad? Según aseveraciones de la propia prensa norteamericana, en sus años de existencia, los EE.UU. han realizado más de 200 agresiones armadas contra otros pueblos. Según datos de la fundación norteamericana Brookings Institution, sólo de 1946 a fines de 1981, los EE.UU. emplearon la fuerza armada en apoyo a sus fines de política exterior y estrategia militar 250 veces, recurriendo reiteradamente a la amenaza del empleo del arma nuclear.[1]

Los dueños de los destinos de los EE.UU. afirman en la actualidad que sólo a causa de los “manejos del comunismo mundial” y la cacareada “amenaza soviética” los EE.UU. intensifican la carrera armamentista y tienen soldados en tantos puntos del globo terráqueo; sin embargo, los EE.UU. libraban guerras de rapiña en América Latina y el Oriente mucho antes de aparecer la URSS en el mapamundi. Enviaron muchas veces sus tropas a México, arrebatando a este país más de la mitad de su territorio, ocuparon Cuba en 1898, convirtieron a Puerto Rico en su colonia. En el hemisferio oriental, corrieron la misma suerte las Filipinas. Ya antes de la Primera Guerra Mundial, los EE.UU. intervinieron reiteradas veces en Haití, la República Dominicana, Nicaragua y otros países de América Latina.

Tras el triunfo de la primera revolución socialista en octubre de 1917, los EE.UU. enviaron sus tropas a la Rusia Soviética. Entre las dos guerras mundiales, los EE.UU. implantaron en América Latina a dictadores “gorilas” a su gusto, aplastando con su ayuda todo intento de los pueblos de defender su independencia. Por indicación directa de Washington, fueron asesinados los jefes campesinos mexicanos Emiliano Zapata y Pancho Villa, el general Augusto César Sandino en Nicaragua, los luchadores contra el imperialismo Farabundo Martí en El Salvador, Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras en Cuba, y otros muchos patriotas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los apetitos de los EE.UU. tomaron carácter “global”. Comenzaron a intervenir en los asuntos de todas las regiones del mundo. China, Corea, Vietnam, los países del Oriente Próximo y África fueron objeto de sus agresiones directas o indirectas. Impusieron el Pacto Atlántico a Europa Occidental. Con ayuda de pactos “defensivos”, han tratado de atar a América Latina a su carruaje militar. Los EE.UU. se inmiscuyen en los asuntos internos de la comunidad socialista, amenazando con el boicot económico y no respetando los acuerdos firmados anteriormente con la Unión Soviética.

El estudio de la política exterior estadounidense muestra que a lo largo de los 200 años de historia de los Estados Unidos, la estrategia política de los círculos dirigentes norteamericanos en el exterior se ha basado en dos postulados básicos: 1) la fuerza militar es el medio fundamental de resolver los problemas internacionales y 2) los EE.UU. no son un país cualquiera sino exclusivo, “destinado” (Manifest Destiny) a la misión civilizadora de llevar a los demás pueblos el american way of life.

“Desde el comienzo de nuestro desarrollo como nación —hacía constar el diario norteamericano The New York Daily News el 31 de marzo de 1981—, se observa el camino trazado por medio de la fuerza y los tiros hacia las fronteras del oeste (la usurpación de las tierras mexicanas); sin embargo, hoy nos consideramos una nación de la ley y el orden. No, seguimos siendo fruto de aquella época”.

Siguiendo ese mismo camino, los EE.UU. intentaron ante todo subyugar a los pueblos del hemisferio occidental, y luego desplazaron su atención hacia otros continentes. En un reciente pasado, sostuvieron la guerra contra los pueblos de Indochina, anegando en sangre, quemando con napalm e intoxicando con venenos la tierra pacífica de Vietnam, Laos y Kampuchea. Ahora el gobierno estadounidense, además de estimular al agresor israelí a cometer crímenes sangrientos en el Líbano, ha introducido en este país sus efectivos militares (los marines), sometiendo a cañoneo la capital libanesa. Las tropas de Tel-Aviv, que exterminan a los palestinos y los libaneses, están equipadas con armas norteamericanas. Los sionistas cometen sus crímenes y practican el genocidio en las tierras árabes con la bendición de Washington.

El golpe militar fascista en Chile, las decenas de miles de muertos en El Salvador y Guatemala, el bloqueo a Cuba, el financiamiento, el apertrechamiento y la tutela a los asesinos somocistas en Nicaragua, el apoyo al régimen racista en la RSA, y la complicidad fáctica con Londres en la guerra colonialista de Inglaterra contra Argentina en el Atlántico Sur, son respaldados por la política de los EE.UU., encaminada a apoyar los regímenes más reaccionarios y a establecer la hegemonía norteamericana en los asuntos internacionales.

Las fuerzas agresivas del imperialismo estadounidense aprovechan todos los medios para romper el equilibrio estratégico militar existente en el mundo y obtener la posibilidad de dictar su voluntad a otros países. Una prueba de ello es, por ejemplo, la campaña hostil antisoviética montada en los EE.UU. en torno al mito de la “amenaza militar” del Este. Esta mentira elevada a la categoría de política oficial está dirigida a facilitar a los EE.UU. el fomento de una carrera armamentista que conduce al incremento del peligro de una nueva guerra mundial. En los últimos años, en el período de la administración Reagan, esta política se ha hecho especialmente peligrosa para los destinos de los pueblos del mundo.

El presupuesto militar de los EE.UU. en 1982 alcanzó la cifra astronómica de 208.600 millones de dólares, y en 1986 llegará a 327.700 millones de dólares. Los EE.UU. cuentan hoy con 2.500 bases militares situadas en 114 países del mundo, en las que se encuentra medio millón de soldados norteamericanos. Los océanos Pacífico, Atlántico e índico, el Mar Mediterráneo, el Golfo Pérsico y los Mares del Sur son surcados por escuadras y submarinos militares norteamericanos dotados de los medios más modernos de exterminio en masa. Centenares de aviones con mortíferas armas nucleares a bordo, despegan diariamente de sus aeropuertos. Los EE.UU. producen oficialmente sustancias químicas tóxicas en enormes cantidades, pretenden imponer a sus aliados europeos una nueva generación de cohetes nucleares, amenazan con emplear el cosmos con fines militares, y hablan irresponsablemente de la guerra nuclear “limitada”, que abarcará supuestamente “sólo” a Europa, aunque es claro para todo el mundo, que donde sea que estalle la tromba nuclear, provocará inevitablemente la catástrofe general.

En los últimos años, los EE.UU. procuran asimismo cometer sus actos agresivos con “manos ajenas”, azuzando a unos países contra otros, exacerbando y haciendo llegar a límites peligrosos los conflictos locales, con tal de servirse de ellos para ocupar nuevas posiciones estratégicas y cercar aún más a la Unión Soviética y otros países socialistas con el cinturón de sus bases militares. A este propósito sirve igualmente el comercio de armamentos. Sólo durante el decenio 1970-1980, los EE.UU. vendieron a 131 países, pertrechos militares por una suma de 123.500 millones de dólares, de ellos 47.700 millones a los países de Oriente Próximo, principalmente a Israel y Egipto. La exportación anual de armas de los EE.UU. ha crecido de 4.300 millones de dólares en 1970 a 20.000 millones de dólares en 1981.[2]

Los peligrosos pasos de los círculos gobernantes de los EE.UU., que empujan al mundo a la catástrofe nuclear, provocan por doquier una creciente preocupación y la indignación de los pueblos. En los propios EE.UU., personalidades públicas y eclesiásticas, conocidos políticos y diplomáticos critican la política aventurera de confrontación que no cuenta con la situación real en el mundo. Por su parte, la Unión Soviética siempre ha propuesto con empeño y convicción a los Estados Unidos, iniciar negociaciones y ponerse de acuerdo sobre una base recíprocamente aceptable, respecto al cese de la demencial carrera armamentista y el paso al desarme.

En su intervención en el acto solemne dedicado al 60 aniversario de la URSS el 21 de diciembre de 1982 en el Palacio de los Congresos del Kremlin, Yu. V. Andrópov, secretario general del CC del PCUS, dijo: “Estamos por una colaboración amplia y fructífera entre todos los pueblos del planeta, sin imposiciones ni injerencias en sus asuntos, para su provecho mutuo y en beneficio de toda la humanidad”.[3]

Los materiales publicados en esta recopilación, cuyos autores son conocidos científicos soviéticos —historiadores y especialistas en asuntos internacionales—, muestran con elocuencia que el rumbo agresivo de los EE.UU. no es nuevo, fue aplicado ya antes por los ............................................

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